Opinión

El triunfo de la izquierda en Ecuador, un buen augurio para el progresismo en Colombia

Este 7 de febrero se ha llevado a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador y el candidato de izquierda, Andrés Arauz se ha asegurado la victoria pasando a la segunda vuelta como favorito, en la cual se enfrentará al candidato de derecha Guillermo Lasso.

“La segunda vuelta de las elecciones presidenciales ecuatorianas se llevará a cabo en el mes de abril, después de que ninguno de los 16 candidatos ganara suficientes votos para ser declarado ganador en la primera vuelta del domingo”, reportó el Financial Times esta mañana.

El candidato y economista de izquierda Andrés Arauz, quien a penas cumplió 36 años este mismo domingo y sería el presidente más joven en toda la historia de Ecuador, finalizó el día con un liderazgo cómodo, pero no pudo alcanzar el 40 por ciento de los votos necesario para asegurarse la victoria en primera vuelta.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) dijo que Arauz ganó el 31.5 por ciento de los votos, una votación que lo pone 11 puntos arriba de sus más claros rivales. Dos resultados preliminares le dieron también un liderazgo sobresaliente.

Al momento de escribir esta nota todavía no era claro quien sería su contrincante en la segunda vuelta. El líder indígena Yaku Pérez y Guillermo Lasso, un rico ex-banquero, estaban en un empate técnico por el segundo lugar, con el Consejo Nacional Electoral dándole a Pérez un 20.04 por ciento y a Lasso un 19.97 por ciento de los votos.

Los resultados completo de la primera vuelta no se conocerán si no hasta el final de esta semana.

La situación económica de Ecuador es un tema que ha dominado la elección. El país es uno de los más pobres de Suramérica y ha firmado un acuerdo de préstamo con el Fondo Monetario Internacional por más de 6.000 millones de dólares, al tiempo que ha renegociado 17.400 millones de dólares de deuda soberana con inversores privados el año pasado.

Pero Arauz ha dicho que las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional son demasiado duras para la economía de Ecuador y que trataría de renegociar el acuerdo, ya que el Fondo le había pedido un ajuste fiscal de 5.5 por ciento del PIB para el 2025 a través de una combinación de reformas de impuestos y de recortes al gasto público.

El candidato de izquierda ambientalista Yaku Pérez también criticó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y señaló que era improbable que Ecuador lo cumpliera en una presidencia suya.

Incluso el mismo Guillermo Lasso, quien se ajusta a la economía ortodoxa del FMI para las naciones en desarrollo, ha rechazado los aumentos de impuestos que pide el FMI.

“Quienquiera que gane, los riesgos de un default de la deuda soberana permanecerán muy altos”, dijeron en una nota de prensa analistas financiero de Capital Economics esta semana. “Y el mercado de bonos podría ir en una caída libre si Arauz gana y sigue con su compromiso de seguir las reformas ordenadas por el FMI”.

Una victoria de Arauz podía pavimentar el camino para que Rafael Correa, el expresidente que renunció en el 2017, y quien se encuentra viviendo en Bélgica, regrese a Ecuador. Correa fue sentenciado en ausencia el año pasado a ocho años de prisión en cargos por corrupción. Arauz ha dicho de que se encuentra confiado de que las cortes anularán este veredicto si él gana la presidencia y que Corre podría servir como un asesor para su gobierno.

La votación de ayer tuvo lugar con el trasfondo de la pandemia, con los votantes encontrándose obligados a llevar mascaras faciales o tapabocas y siendo aconsejados en llevar sus propios bolígrafos a las urnas para marcar su voto. En el país, donde el voto es obligatorio, hubo largas filas afuera de los puntos de votación y la mayoría de las personas parecían cumplir con las medidas de distanciamiento social, aunque hubo multitudes en algunos lugares. Uno de los votantes de mayor edad fue la abuela de Arauz, de 106 años, quien lo acompañó a votar en su puesto en Quito.

Análisis

El balance económico del gobierno de Rafael Correa, el mentor político o padrino político de Andrés Arauz, no es perfecto, pero sus políticas llevaron a una reducción sustancial de la pobreza durante su mandato, del 36% al 22, mientras que las desigualdades, medidas por el índice Gini, también decrecieron de forma sustancial. Durante el mandato de Rafael Correa la economía de Ecuador creció en un 1.5% más en promedio que el resto de las economías de la región, lo cual indica no solo una buena administración de los recursos y la bonanza petrolera que tuvo el país a principios de la década del 2010, sino también unas políticas socialmente responsables, siendo amigables con la libre empresa, pero también alineadas con el paradigma del llamado “socialismo democrático” que ha tenido como objetivo una participación más activa del estado en el desarrollo económico.

El triunfo de Arauz, quien vendría a continuar estas políticas de Correa, claramente refleja un triunfo para el progresismo latinoamericano, una corriente política en la que podemos identificar al líder colombiano Gustavo Petro y al economista Luis Arce, quien fue el artífice de la recuperación de Bolivia durante el gobierno de Evo Morales y que en el 2020 fue elegido para el cargo de presidente.

Uno de los elementos que no parece tener lógica en estos momentos son las peticiones de ajuste fiscal que reclama el Fondo Monetario Internacional, pues precisamente en el 2020, en medio de la crisis global del coronavirus, la entidad reconoció las falencias de este enfoque durante la recuperación de la crisis financiera de 2008 e instó a las economías más desarrolladas a mantener sus políticas de gasto social para estimular la economía. En este escenario es apenas lógico que la izquierda ecuatoriana se oponga a los ajustes fiscales, pues precisamente ahora, en un necesario post-pandemia, el estado y el gobierno necesitarán actuar de manera decidida manteniendo el gasto social, no solo con el fin de mantener la popularidad política, sino para que este pueda servir de apoyo en la recuperación económica.

Si con el triunfo de Arauz en el mes de abril se le pone fin a esta política restrictiva impuesta por el FMI, Ecuador podrá asegurar el camino a un desarrollo económico más sostenido y una menor desigualdad social, sin embargo deberá hacer frente a elementos críticos que minan el crecimiento como la corrupción y la falta de inversión en áreas clave como la ciencia y la tecnología. Ciertamente, el por ahora triunfo de Arauz en Ecuador, podría animar a las fuerzas progresistas en todo el continente, especialmente en Colombia, su país vecino, donde el líder de la centro-izquierda Gustavo Petro está articulando una política de rechazo al neoliberalismo y a las fórmulas fracasadas que el Fondo Monetario Internacional ya rechazó para las economías desarrolladas, pero que extrañamente le sigue imponiendo a las naciones en desarrollo.

Con información del Financial Times.

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