Opinión

ACNUR alaba el tratamiento que Colombia le da a los refugiados venezolanos

En una reciente columna para el diario británico de finanzas, el Financial Times, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, quien está en funciones en esta entidad de las Naciones Unidas desde el 1 de enero de 2016, alabó la actitud del gobierno colombiano hacia los refugiados venezolanos que han cruzado la frontera colombo-venezolana desde que la crisis económica y social se empezó a agravar en Venezuela, hacia el año 2015.

Esto fue lo que escribió Grandi en el diario británico:

“La decisión de este mes por parte de Iván Duque, presidente de Colombia, de que su gobierno concederá un estatus temporal de protección a casi 2 millones de refugiados venezolanos y migrantes podría cambiar la ola de una de las crisis más grandes de este tipo en la historia reciente del hemisferio.

Un movimiento que es al mismo tiempo compasivo y pragmático, y que merece el inmediato apoyo internacional. De hecho, con más de 80 millones de desplazados alrededor del mundo, su visión, de proteger y empoderar a los vulnerables debería ser aplicada a cada gran emergencia humanitaria que se vive hoy.

Cerca de 5.5 millones de venezolanos han dejado su país en los últimos años, principalmente viajando a otras partes de América Latina y el Caribe. Allí ellos han encontrado algo de alivio frente al caos político y económico que se vive en su país natal. Pero cientos de miles también se han quedado estancados sin empleos, refugio o cuidado de salud.

Esto fue algo que se volvió obvio para mi cuando visité la pista de aterrizaje inutilizada de Maicao, en el norte de Colombia. Ahora sirve como una comuna, un lugar donde los pobres y los desesperados llegan a vivir, siendo esta impregnada por la amenaza de violencia. Así, miles de personas han terminado en lugares como estos, cansados y sin dinero, frecuentemente obligados a dormir a la intemperie.

Por supuesto, cada crisis de refugiados y migrantes es diferentes y cada una necesita un enfoque diferente.

A lo largo del Sahel, la renovada violencia ha desplazado 2 millones de personas en los últimos meses, mientras que en este año se cumple una década de la guerra que inició en Siria y que ha dejado 6.6 millones de personas desplazadas. Algunas situaciones de refugiados, tales como las de Afganistán pueden durar décadas. Otras se encienden después de que se han presentado largos periodos de estabilidad. Muchas crisis hoy son exacerbadas por los efectos del cambio climático o por amenazas imprevistas como la crisis del COVID19.

Pero incluso aunque las circunstancias de cada caso podrían diferir, una amplia y oportuna respuesta puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. De hecho, conceder un amplio rango de derechos sociales y acceso a servicios básicos esenciales puede ser una respuesta más efectiva de las que se han dado en el pasado.

Los estados europeos han desplegado tal solidaridad durante la crisis de refugiados que se inició en medio de la guerra de los Balcanes en los años noventa. Turquía también extendió el acceso a los servicios esenciales para los refugiados tan pronto como la violencia emergió en Siria en el año 2011.

En Colombia, el estatus de protección temporal de 10 años saca a toda una población refugiada y migrante de su estatus ilegal, y del limbo financiero y social. Como tal, esta es una de las más visionarias y audaces respuestas que hasta la fecha se han dado a la crisis humanitaria y social de Venezuela. Crucialmente también reconoce que la protección el apoyo de un gran número de personas vulnerables puede traer beneficios mutuos.

Al permitirle a los refugiados entrar al mercado laboral, en vez de quedar dependientes del sector informal, también se reduce la dependencia que los refugiados tienen de la ayuda humanitaria y les permite contribuir a la recuperación económica de Colombia en el escenario de la pospandemia.

Al brindarles acceso al sistema nacional de salud, también se les abre la puerta para que sean parte del plan nacional de vacunación contra la COVID19, una necesidad urgente para los pobres y los vulnerables en cualquier parte, independientemente de su estatus legal. Al permitirle a los niños refugiados ir a la escuela, el gobierno colombiano va más allá en el camino de restaurar la dignidad y el sentido de propósito de cada niño. La medida también se encuentra cerca de lo que puede ser denominado como una situación de gana-gana donde las soluciones ofrecidas a los venezolanos pueden redundar en beneficio de los ciudadanos colombianos.

Claramente al anunciar esta política eso no significa por sí mismo un cambio de la realidad sobre el terreno. El éxito requerirá el apoyo de los donantes internacionales, de las organizaciones humanitarias, de los bancos de desarrollo y del sector privado. Necesitará de la inversión en la forma de creación de puestos de trabajo, entrenamiento vocacional y de talleres de aprendizaje para el empleo, así como la expansión del sistema de salud, fondos para nuevas viviendas y otros beneficios para los más vulnerables, y mucho más.

Cerca del 85% de los refugiados viven en países en desarrollo. Educarlos no es una tarea fácil cuando no hay suficientes escuelas ni maestros. Un problema de capacidad similar surge cuando hablamos del mercado laboral, del sistema de salud y de la vivienda. Muchas naciones han dado pasos importantes hacia políticas más inclusivas, solo para encontrarse después fracasando debido a una mezcla de problemas económicos con el auge del populismo y la xenofobia”.

Pero los retornos de invertir en los refugiados son grandes: Permiten movimientos más seguros y ordenados de las poblaciones, políticas mejor informadas y mejor orientadas a un público objetivo con unos mejores datos, una movilización más eficiente de los recursos, una economía más fuerte, un mercado laboral más robusto y una recuperación económica de la pandemia mucho más grande y rápida, así como mejores hospitales y escuelas. Crucialmente estas mejoras durarán mucho tiempo después de que la crisis venezolana haya pasado.

Colombia está cambiando la tendencia mundial de la marginalización e incluso de la demonización de los refugiados y los migrantes – y esto está bien tanto a nivel moral como a nivel pragmático por parte de las autoridades colombianas. Otros países deberían tomar nota y seguir el ejemplo de lo que está haciendo el gobierno colombiano.”.

Con información del Financial Times.

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