Historia

Qué fue la crisis del 29 y cuáles fueron sus efectos

Crisis del 29

Tal vez la crisis de 1929 es uno de los eventos más importantes en la historia de la economía, ya que, al enfrentar este suceso, las sociedades modernas y los economistas crearon nuevos paradigmas económicos y modelos de análisis que permitieron a sociedades como la estadounidense tener un gran éxito en su desarrollo.

Este evento es también conocido como la gran depresión, por el hecho de que fue una crisis donde el estancamiento económico se prolongó durante toda una década, los años treinta. Ha sido la depresión económica más larga en la historia y de sus efectos y causas los economistas han extraído valiosas lecciones que le han permitido a las naciones avanzar.

Origen de la crisis del 29

La Gran Depresión o crisis del 29 tiene su origen en la caída bursátil de la bolsa de Nueva York el martes 29 de octubre de 1929. Sus efectos se extendieron rápidamente por todos los países del mundo.

Efectos inmediatos de la crisis

Dentro de los efectos posteriores a la caída de la bolsa se observó una miseria generalizada, desempleo masivo, cierre de fábricas, quiebra de grandes empresas, descenso de la producción, caída de los ingresos fiscales de los estados, caída generalizada de los precios de los bienes de consumo.

En Estados Unidos el desempleo llegó hasta el 25%, mientras que otros países afectados vieron tasas de desempleo del 33%. La construcción se detuvo en muchas áreas y los precios de las cosechas sufrieron una contracción de aproximadamente el 60%.

Solución a la crisis del 29

En algunos países la crisis del 29 empezó a solucionarse a mediados de la década de los treinta. En Estados Unidos con la elección de Flanklin Delano Roosevelt se estableció un plan de desarrollo llamado el New Deal, que señalaría el fin de la depresión. Sin embargo, en países como Alemania que sufrían las sanciones impuestas tras la primera guerra mundial, la crisis no se solucionó y solo provocó el agravamiento de las situaciones de pobreza ya existente, lo que finalmente condujo al ascenso del nacional-socialismo y a la llegada de Hitler al poder.

Antecedentes del crac bursátil

Tras la primera guerra mundial Europa había perdido grandes recursos financieros y humanos. La población europea vivió un descenso demográfico del 10% y el capital existente se contrajo en un 3.5%.  Muchas naciones habían financiado la guerra con deuda pública, lo cual supuso altos costes y desembolsos de dinero que llevaron a una inflación desbordada. Un ejemplo de esto fue la hiperinflación alemana en la república de Weimar, acontecida entre 1921 y 1923, debida a las altas emisiones de dinero del gobierno alemán para financiar la guerra.

Entre tanto naciones como Estados Unidos y Japón, que no habían sido afectadas por la guerra experimentaron un fuerte crecimiento, al tiempo que imponían sus condiciones comerciales a los países europeos, especialmente a Alemania, limitando con ello el crecimiento y la productividad global.

Otro punto clave para entender la Gran Depresión es que durante los años previos a esta se produjeron aumentos considerables en la producción y la demanda estadounidense, en medio de una transformación productiva impulsada por la innovación tecnológica.

Desarrollo de la crisis

Los ascensos de la producción tuvieron como protagonista esencial a la bolsa de valores, la cual vio sus índices crecer de manera rápida. Muchos ciudadanos vieron entonces la posibilidad de enriquecerse rápidamente invirtiendo en las acciones de la bolsa de valores y se produjo una fiebre de acciones al alza.

En medio de la fiesta descontrolada del dinero y el afán de generar riqueza rápidamente, muchas personas comenzaron a adquirir créditos para financiar las compras de acciones. Por ejemplo, si una acción valía cien dólares, el accionista podía comprarla por diez dólares, financiando los 90 dólares restantes; si la acción se valorizaba diez dólares el accionista podía vender la acción generando una rentabilidad del 100%, pero si la acción perdía su valor en 5%, el prestamista pedía la garantía de pago de forma inmediata, generando perdidas al accionista, que este tenía que cubrir con su propio patrimonio.

La gente creía que estaba en los albores de una era dorada en la que los precios de las acciones no harían más que subir y que por tanto era su deber comprar acciones tanto como fuera posible, que se creían estaban en valores bajos.

Muchas personas se involucrados en los mercados de valores: rentistas, jubilados, aprendices de finanzas, entre otro, gente que al fin y al cabo no tenía idea de cuáles eran los riesgos que estaban corriendo al invertir en unos mercados que pronto habían adquirido un carácter meramente especulativo y que no eran por tanto indicadores reales del estado de la economía.

Pocos días antes del crac bursátil ya se habían empezado a sentir los vientos en contra de los mercados. Como muchos de los precios de las acciones ya eran elevados, algunos especuladores ya habían empezado a vender grandes montos de acciones con el fin de cosechar las ganancias. Varios bancos y corredores de bolsa intentaron salvar la situación realizando compras masivas de acciones. Sin embargo, para el 23 de octubre las acciones registraron pérdidas en su valor de 8 a 20 puntos. Para el 29 de octubre las acciones perdieron valores de un promedio del 40 por ciento, señalando la jornada más oscura de la Bolsa de Nueva York.

Se asume que la racionalización de las prácticas económicas, también fue una de las causas de la crisis del 29. Muchas empresas empezaron a optimizar sus procesos, asegurando una mayor eficiencia por persona o incluso reduciendo personal, pero produciendo al mismo ritmo. Estos cambios en los modelos de negocio, rápidamente llevaron a que muchas personas quedaran sin empleo y que no hubiese un plan de transición, por lo que finalmente la demanda de bienes y servicios se contrajo al no existir suficientes personas asalariadas que hicieran gastos en la economía real.

Consecuencias y solución de la crisis del 29

Poco a poco los efectos del “Martes Negro” se fueron suavizando, pero dejando a su paso un paisaje destruido y a millones de personas sin empleo. Para 1932 la economía estadounidense había sufrido una caída del 14.9 por ciento en su PIB, solo ese año. 

Los sectores más afectados por la crisis del 29 fueron la agricultura, las manufacturas y la industria. Ciudades estadounidenses que dependían de una sola industria terminaron completamente arruinadas.

La crisis llevó a una contracción de los flujos globales de capital, lo que significó que muchas economías europeas dejaran de exportar a Estados Unidos o de recibir inversiones del lado americano, esto llevó a que la crisis estadounidense fuese exportada a toda Europa. La más notable excepción a las contracciones de la producción y de la economía fue la Unión Soviética, país que tenía una muy escasa dependencia de estos flujos de capital.

Con una crisis de proporciones tan altas, muchos economistas debatían qué hacer para solucionar la falta de demanda y la caída en la producción global, así como el desempleo que dejaba a millones de familias en la pobreza.

Los modelos económicos fueron reformulados entonces bajo la dirección del economista británico John Maynard Keynes, quien propuso un papel más activo del Estado en la economía, realizando emisiones de dinero, bajando las tasas de interés e impulsando el gasto público en sectores como la infraestructura, la salud, la educación y el aparato militar. Las soluciones propuestas por Keynes tardaron en ponerse en práctica. A esto se le atribuye que la duración de la crisis haya sido de cerca de una década.

En 1993, Franklin Delano Roosevelt aprobó subsidios para los desempleados, precios garantizados para los agricultores, proyectos de obras públicas a gran escala y una reestructuración del sector privado. El programa de Roosevelt fue conocido como el New Deal y significaba romper básicamente con muchas de las ideas del pensamiento liberal clásico, que buscaba un Estado mínimo y con escasa intervención en la economía.

Al llegar la segunda guerra mundial, la industria armamentística vivió un gran impulso, así como los sectores industriales americanos que tuvieron que desarrollarse plenamente para hacer frente a los desafíos económicos que la guerra planteaba. La guerra también supuso la entrada de las mujeres en la fuerza laboral para la fabricación de armas, cañones y bombas. 

Al finalizar la segunda guerra mundial Estados Unidos dispuso de un gran plan para ayudar a las naciones europeas afectadas por la guerra. Solo entonces, la economía global empezó a recuperarse verdaderamente y entró en lo que se conoce como edad dorada del capitalismo.

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Lecciones de la crisis

Varias lecciones se pueden extraer de la crisis del 29, la más importante tal vez es que se debe poner freno a la especulación, estableciendo regulaciones que limiten el apetito desbordado de los ciudadanos por valores de mercado que no tienen un respaldo en la economía real.

Otra de las lecciones es que el Estado tiene un papel en el desarrollo de la economía que no puede evitar asumir. Generar estímulos a las actividades comerciales, proteger a los más vulnerables por medio de subsidios e incentivos es una obligación que tienen las naciones si desean que sus economías se sostengan.

Al mismo tiempo, debe hacerse énfasis en que las limitaciones al comercio y que las sanciones a las economías de otros países por razones políticas, como en el caso de Alemania, tienen efectos negativos en la cadena de suministros globales, lo que lleva a una contracción y desaceleración de la economía real.

Con información de Red Historia

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