Desarrollo social

Guerra contra la comida chatarra – El dilema económico

Comida chatarra

Avisos en los empaques de comida chatarra

La industria de la comida chatarra está en alerta en Latinoamérica y todo por una serie de regulaciones que múltiples legisladores que se dirigen a colocar avisos en los empaquetados sobre la cantidad de azúcar, sodio y demás elementos nocivos para la salud que están contenidos en estos sustitutos alimenticios.

Soledad Barruti, una columnista para el New York Times, señala que actualmente las comidas tradicionales ( los platos caseros hechos con ingredientes frescos y naturales) están siendo desplazadas por los comestibles ultraprocesados y empaquetados que no brindan información completa sobre los ingredientes que contienen. Este último tipo de comestibles generalmente no alimenta, y en el peor de los casos enferma a los consumidores.

Empresas que dominan el mercado y mienten

Empresas como Nestlé, Unilever, Coca-Cola, Pepsi, Mars y Kellogg Company, dominan un mercado de alcance mundial de productos baratos, de fácil acceso en tiendas y supermercados y que no contienen referencias claras en sus empaques de los ingredientes que contienen, por lo que los consumidores caen presa de la publicidad pensando que han adquirido un producto delicioso y/o nutricional que no representa ningún peligro para su salud.

En el 2018, El Diario colombiano El Espectador señaló la forma en que estas empresas bombardean especialmente a los niños. Se estima que al año un menor es expuesto a 800 comerciales de comida no nutritiva, con altos índices de azúcar, sodio y altos niveles de calorías. Recientemente las empresas de comida chatarra se han opuesto ferozmente a las propuestas legislativas que piden que se indique claramente en sus productos los elementos que estos contienen.

Epidemia de enfermedades

En este contexto, las epidemias por enfermedades cardiovasculares, la obesidad, la diabetes y sedentarismo cobran especial relevancia en sentido económico. Todas estas enfermedades, derivadas de una mala alimentación y de las cuales son responsables en gran medida las empresas de comida chatarra, tienen elevados costes para los sistemas de salud, generando altos niveles de déficit fiscal para los gobiernos o en muchos casos la pérdida de vidas humanas que hubiesen podido aportar mucho a sus economías.

La organización mundial de la salud estima que las enfermedades no transmisibles, dentro de las que se encuentran en gran medida las causadas por la comida chatarra, matan al año a 42 millones de personas. Esto equivale al tamaño demográfico de países como Colombia. ¿Cuánto estaremos perdiendo en términos de PIB, salud y bienestar si no atajamos el consumo masivo de sustitutos alimenticios de comida chatarra?

El caso de Chile

Es en este escenario donde se hace imperante informar a los consumidores acerca de qué productos están consumiendo y cómo estos afectan su salud. El gobierno chileno logró que se emitiera una indicación a las empresas de comida chatarra en la que se les ordenaba colocar sellos a sus productos. Los sellos tenían que informar claramente cuándo un producto tenía un alto contenido de grasas, de sal, o de azúcar. El New York Times señala que Los costos médicos de la obesidad suman el 2,4 por ciento de todos los gastos en cuidado de salud en Chile. Para 2030, la cifra podría aumentar al cuatro por ciento.

Si tenemos en cuenta los costos asociados al consumo de comida chatarra para los sistemas de salud, no solo en términos de obesidad sino también en diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras, las cifras de gastos médicos podrían ser mucho más alta.

El caso de México

Un caso muy diferente al chileno es el de México. Se dice que la industria alimenticia de comida chatarra opera como una mafia y ha tratado por medio de grupos de cabildeo rechazar las iniciativas legislativas que se dirigen a poner sellos en los empaques de comida chatarra. Actualmente tiene una tasa de obesidad del 33%, una de las más altas del mundo. Frecuentemente estas empresas argumentan que si se frenan las ventas de sus comidas se perderían empleos en sus industrias, así como en los sectores que suministran las materias base de sus alimentos y en las cadenas de distribución.

El dilema económico de la comida chatarra

Este es el dilema económico al que nos vemos enfrentados por cuenta de la comida chatarra: Empleo y crecimiento económico en el corto plazo o reducción de los costes de la salud, vidas salvadas y productivas que aportan con su trabajo al sistema económico.

Si elegimos el segundo camino: Poner etiquetas en los empaquetados poco saludables que contienen los «alimentos» chatarra estaremos ganando una gran guerra por la salud de los jóvenes y niños, se reducirán los costes de los sistemas de salud. El dinero ahorrado se podría usar en proyectos productivos de carácter público que animen la creación de empleos de esas vidas que se salvan una vez que no sufran de las enfermedades relacionadas con una alimentación malsana.

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Es en este conflicto (empresas vs consumidores) donde los políticos tienen una responsabilidad bastante alta al poder, con su voto en los parlamentos, decidir que clase de incentivos les ofrecerán a las empresas y qué clase de información permitirán que llegue a los ciudadanos. Si los ciudadanos tienen las opciones claras y la información correcta en sus manos seguramente tomarán mejores decisiones.

*Con información del New York Times.

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