Análisis

El mensaje de César Gaviria a Joe Biden sobre la lucha contra las drogas

Cesar Gaviria fue presidente de Colombia durante uno de los periodos más oscuros y violentos del país, la guerra del estado contra el cartel de Medellín, una organización criminal del narcotráfico que estaba al mando del capo Pablo Escobar. Como ningún otro presidente de la región, Gaviria sabe qué es lo que significa luchar contra las drogas y por qué esta guerra de los Estados Unidos contra el narcotráfico ha fallado de forma completa en lograr cualquiera de sus objetivos. Ahora, más de treinta años después de haber asumido como presidente de Colombia y veintiséis años después de ver el fin del cártel de Medellín, Cesar Gaviria tiene una visión bastante diferente de la que tenía en aquella época en lo que se refiere a la forma efectiva de luchar contra el narcotráfico. En una reciente columna de Project Syndicate, Gaviria compartió sus posiciones y ha hecho un llamado a la administración estadounidense para que se reforme la lucha contra las drogas con base a la evidencia empírica que la sociedad a recabado en las últimas décadas sobre el fenómeno del narcotráfico.

Esto fue lo que dijo Gaviria:

Las administraciones de Estados Unidos vienen y van, pero la estrategia represiva contra las drogas permanece constante. Desde que el presidente Richard Nixon declarara la guerra contra las drogas en 1971, el mundo ha esperado que los Estados Unidos cambien de política con cada nueva administración. ¿El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, finalmente abandonará este fallido enfoque de intentar y fallar?

Contrario a lo que muchos esperaban, la derrota de Donal Trump en las elecciones de 2020, no causarán automaticamente que el populismo se desvanezca a nivel mundial. Aún, el populismo no es invulnerable y la investigación política y económica de los últimos años debería equipar a los tomadores de decisiones políticas para enfrentar esta tendencia política con una fuerza renovada.

En los últimos 50 años, desde el comienzo de la guerra contra las drogas, los carteles del narcotráfico rara vez han evitado la lucha, ya sea recurriendo al secuestro y el asesinato y a las formas violentas de repeler a las agencias de la ley. Mientras tanto, los políticos han usado los recursos y tácticas militares para luchar contra las organizaciones criminales, y han gastado miles de millones de dólares en aplicación de la ley y prisiones.

Pero todos estos esfuerzos no han rendido sus frutos, porque la demanda de las drogas se ha mantenido constante, mientras que el suministro se ha mantenido aceptable. El uso de las drogas está relacionado con las circunstancias de las vidas de las personas o sus elecciones, de manera que reducir la demanda por medio de la coerción es pensar con el deseo. Ningún país en el último medio siglo ha tenido éxito en la erradicación de las drogas ilegales por medio de la coerción militar y policial.

Mi país, Colombia, conoce mejor que cualquier otro los altos costos de la respuesta militarizada a las drogas ilegales. Por décadas, los Estados Unidos han promovido con gran entusiasmo políticas erróneas basadas en la idea de la erradicación y la reducción coercitiva de la demanda a lo largo del hemisferio occidental. Y muchos en nuestro vecindario y en las estructuras institucionales de nuestros países han sido sacudidos por el poder corruptor de la criminalidad y por el daño colateral de una seguridad civil militarizada.

Preocupantemente, los países de África occidental (parte de las mayores rutas globales del tráfico de cocaína) y en la costa oriental de África (parte de la ruta de la heroína) están adoptando las mismas prácticas que se usaron en América Latina para enfrentar este flagelo. Estas regiones no deberían repetir los errores que hemos cometido en Occidente, donde las consecuencias de las elecciones de política de los Estados Unidos han incluido una respuesta altamente violenta y una negligencia frente a las medidas de salud pública y el socavamiento del estado de derecho. De las 50 ciudades más violentas del planeta, es impresionante observar que 42 están en América Latina.

Colombia ha sufrido de una violencia multifacética por décadas, mientras que ha tratado de mejorar los estándares de vida de su población y establecer instituciones democráticas de gobierno legítimas. El mundo debería entender y aprender de nuestra experiencia: a diferencia de las películas y de las series de televisión, no existen los héroes solitarios a los que se pueda decapitar para acabar con las organizaciones criminales. Luchar contra el crimen organizado requiere voluntad política, esfuerzos dirigidos, y sobre todo de la coordinación entre países. La represión violenta del narcotráfico no frena la oferta y el tráfico, mientras que la demanda se mantiene constantemente creciendo.

Frente a este trasfondo, la nueva administración estadounidense ha llenado a muchos con esperanza. En su plataforma de campaña, Biden y la vicepresidenta Kamala Harris se comprometieron a poner fin a la prohibición federal de la marihuana y a no encarcelar a los estadounidenses por el uso de las drogas.

Pero Biden y Harris no han cuestionado el uso de los cortes para enfrentar las drogas en los Estados Unidos, las cuales deciden sobre la rehabilitación y el uso de medidas para las personas adictas a las drogas ilegales. ¿En qué otra área de la salud, un tratamiento médico es decidido por un juez en vez de que lo sea por un médico?

Todos podemos estar de acuerdo en los daños y peligros del consumo de las drogas, y del tráfico, para nuestras sociedades. Pero aquellos que son adictos a las drogas deberían tener la opción de que el estado les ofrezca mecanismos para la limitación de daños y programas de tratamiento. Los consumidores problemáticos necesitan confianza, la relación terapéutica con un médico, no ser sentenciados por un juez.

Por lo tanto, yo espero que el nuevo director de la Casa Blanca de la oficina nacional de política para el control de drogas, ( el zar de las drogas estadounidense) así como el secretario de estado Antony Blinken y los líderes de salud pública, usen la experiencia y la evidencia que ahora tenemos para promover políticas que traten la adicción y enfrenten la naturaleza multifacética del problema. Es imperativo encontrar un terreno común de colaboración y enfocarnos en la aplicación de la ley frente a las élites criminales.

Esto significa, entre otras cosas, permitir que los países donde las drogas ilegales son producidas puedan determinar sus respuestas de política. En particular, estas naciones deberían ser capaces de enfocar la aplicación de la ley en las élites criminales violentas, en vez de enfocarse en luchar contra los agricultores de subsistencia que cultivan las plantas base para las drogas o en arrestar a los consumidores marginalizados.

El congreso de los Estados Unidos, por medio de la comisión del hemisferio occidental para la política antidrogas, ha expresado posiciones similares. La política internacional contra las drogas necesita reafirmar la importancia de la aplicación de la ley y de instrumentos fuertes contra los jefes criminales y los traficantes violentos, y cambiar el enfoque hacia políticas de poder blando para asistir a las poblaciones vulnerables tales como los agricultores tradicionales y los consumidores adictos.

Un control más pacífico y efectivo en términos de costo beneficio en la lucha contra las drogas requiere un nuevo enfoque basado en la educación, los programas de prevención, la sustitución voluntaria de los cultivos ilícitos y el desarrollo de infraestructura, así como asociaciones con las comunidades afectadas. También es necesario desarrollar tratamientos comprehensivos y habilitar políticas de reducción de daños para los consumidores adictos, así como talleres educativos para los consumidores ocasionales.

La administración de Biden afirma que será guiada por la evidencia y la ciencia. Hasta ahora, ninguna administración estadounidense ha querido reconocer los claros signos de que la guerra contra las drogas ha fallado masivamente en lograr cualquiera de sus objetivos. Para reformar la política estadounidense dentro de los próximos cuatro años, Biden debe diseñar un programa de acción que sea mucho más que promesas para todos nosotros.

Con información de Project Syndicate.

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