Opinión

El paso de Iota por Colombia y la necesidad de pensar en la crisis climática

Huracán Iota

Ya hace un tiempo que el diario The Guardian eligió referirse al cambio climático como crisis climática. Y es que los eventos que estamos viendo nos confirman que efectivamente el mundo ha entrado en una crisis de difícil manejo y que requerirá que todos los gobiernos del mundo decidan enfrentar estos eventos, como los desastres climáticos, asociados a la actual crisis y a la contaminación causadas por el hombre.

Precisamente la periodista Naomi Klein se refirió al tema extensamente en su libro “Esto lo cambia todo, el capitalismo vs el clima”, destacando cómo la voracidad de las grandes empresas por aumentar sus ganancias mientras contaminan ha afectado el clima de manera desbordada.

Hace poco, con ocasión de la llegada del Huracán Iota a las costas de Centroamérica, luego de su destructivo paso por la costa norte de Colombia, el meteorólogo Eric Holthaus se refirió al fenómeno natural destacando su intrínseca relación con el cambio climático.

Holthaus dijo:

El cambio climático ha hecho que el huracán Iota sea peor.

Ahora vemos: Aguas más cálidas,

Humedad atmosférica más alta,

Aumento del nivel del mar.

La rápida intensificación y una temporada de huracanes más larga significan más traumas repetidos para las personas en América Central que se encuentran en la primera línea del cambio climático.

Uno de los factores a tener en cuenta en la mayor gravedad de los huracanes es que las emisiones de dióxido de carbono siguieron aumentando durante el 2019 a pesar de las continuas alertas de los científicos de la necesidad de reducir estas emisiones para mantener la temperatura por debajo del incremento de los 2 grados centígrados desde la Revolución Industrial. La cadena alemana DW señaló que solo en el 2019 se registraron 37.000 millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera, y esto solo por la quema de combustibles fósiles.

De la misma manera la emisión de dióxido de carbono, medida por partículas de CO2 por partículas atmosféricas por millón ha alcanzado nuevos máximos históricos en 2019, esta vez llegando a las 409.8 partículas de CO2 por millón.

Todas las mediciones disponibles señalan que la emisión de partículas de CO2 y gases contaminantes se han incrementado desde la Primera Revolución Industrial como consecuencia de la actividad industrial y de consumo humanas, y desde entonces el ascenso en las emisiones no se ha detenido. La siguiente gráfica ilustra la evolución de las partículas de CO2 por millón de partículas atmosféricas a lo largo de la historia humana:

Fuente: Climate.gov

Respecto a Iota, El Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos declaró: «Iota es un huracán catastrófico. Se esperan vientos extremos y una marejada ciclónica potencialmente mortal en partes de la costa del noreste de Nicaragua durante las próximas horas”.

En Colombia se reportó la muerte de al menos una persona en las Islas de San Andrés y Providencia, según los informes de la agencia EFE. Sin embargo, solo la temporada de lluvias en el país ya ha dejado al menos 5 muertos.

Ya en el 2017, el New York Times señalaba cómo los eventos naturales extremos se han intensificado por cuenta de una atmósfera más contaminada y cálida. La relación que se establece entre el cambio climático y los huracanes es por el aumento de la temperatura.

Concretamente, respecto a los huracanes, el Centro para las Soluciones climáticas y energéticas indica: “Aunque los científicos no están seguros de si el cambio climático conducirá a un aumento en el número de huracanes, hay más confianza en que se espera que las temperaturas oceánicas más cálidas y los niveles del mar más altos intensifiquen su intensidad e impacto. Los huracanes más fuertes serán mucho más costosos en términos de daños y muertes si no se toman medidas para hacer que las áreas costeras (y del interior) sean más resistentes”.

En su libro La Era del Desarrollo Sostenible, el economista estadounidense Jeffrey Sachs planteaba la necesidad de que a nivel global los países implementaran soluciones para esta grave crisis. Tales soluciones pasan por mayores inversiones en tecnologías verdes o también llamadas energías renovables como la solar y la eólica, así como por desinversiones en energías contaminantes como el petróleo, el gas y el carbón. Sin embargo, durante los últimos años hemos visto una gran negligencia por parte de los gobiernos al momento de realizar las respectivas inversiones y des-inversiones necesarias para abordar esta realidad. Como consecuencia los eventos climáticos extremos no han hecho sino empeorar.

En el caso colombiano es especialmente preocupante que el gobierno de Iván Duque y la empresa semi-estatal Ecopetrol hayan continuado promoviendo el fracking. Cuando por ejemplo, se habla de “fracking responsable”, se induce al engaño a la ciudadanía para que acepte una práctica que no la beneficia debido a sus altos costos ambientales. Muchos expertos han advertido que no solo se aumenta el gasto de agua para extraer este tipo de combustible, sino que el mismo sirve para perpetuar sus usos contaminantes. Si Colombia quiere tener algún tipo de autoridad para que se le escuche en los foros internacionales en el tema de cambio climático, debería comprometerse más en la reducción del uso y extracción de combustibles fósiles. Continuar insistiendo en la inversión petrolera es una aventura arriesgada, no solo en términos ambientales sino en términos económicos, pues este mismo año la petrolera BP, que está acelerando su transición a energías renovables, advirtió que el 2019 será el año de mayor consumo de petróleo a nivel global. A partir de entonces veremos un descenso constante hasta la reducción total de su uso, que se estima ocurra en 2050.

Los eventos climáticos extremos no solo son costosos en términos de vidas humanas e infraestructura pérdida, sino que también representan grandes costos en términos monetarios. Por ejemplo, en San Andrés, tras el paso de Iota la red eléctrica y las redes de comunicaciones quedaron suspendidas. Esto solo dificulta más las tareas de la recuperación de la economía, ya duramente golpeada por la crisis del Covid-19. En este sentido, es preciso que los gobiernos empiecen a hacer las cuentas y vean de una manera realista cuáles son los costos de contaminar y por qué es mucho mejor pasarse a las energías renovables. Estas energías no solo salvan al planeta, sino que tendrán una gran demanda en el futuro, por esto, fortalecer las capacidades de las empresas de energías renovables es una inversión de oro para el futuro, una oportunidad que no se puede desaprovechar.

Así, mientras el clima sigue dando señales de los efectos adversos de la contaminación (en economía: externalidades del modelo productivo basado en combustibles fósiles) es hora de que los gobiernos escuchen y se propongan metas audaces en reducción de uso y producción de combustibles fósiles, y sobre todo que finalmente dejen de engañar al público con eufemismos como “fracking responsable”. Una adopción masiva de energías renovables, que debe darse de forma transicional, pero acelerada, es lo que los ciudadanos y la economía más necesitan. Lo contrario será seguir asumiendo los costos de infraestructura destruida, comercios perdidos, vidas y un sin número de riqueza desperdiciada, todo por seguir apegados a la era del petróleo.

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