Opinión

Poner fin a la era del carbón, una necesidad inaplazable – The Economist

En su más reciente columna editorial La Revista The Economist señala que ha llegado el momento para que el mundo ponga final a la era del carbón.

Aunque si bien se trata de un cambio de paradigma que ya está siendo adoptado en las economías más importantes del mundo, como China y Estados Unidos, es importante que los países desarrollados puedan ayudar a las economías en desarrollo para que lleven a cabo este proceso, pues muchas de ellas aún dependen del carbón, especialmente para la generación de electricidad.

Dentro de los hechos positivos hacia la descarbonización de los sistemas de energía, The Economist señala el compromiso del presidente chino Xi Jinping de adoptar el objetivo de una economía con cero emisiones de carbón para el año 2060, el anuncio de Joe Biden de hacer que Estados Unidos vuelva a unirse al acuerdo de París y la racha positiva que están experimentando las empresas basadas en energías limpias, como Tesla, en los mercados de valores. Recientemente se anunció que Tesla se uniría a las empresas listadas dentro del índice S&P 500, uno de los índices de valores más importantes en el mercado estadounidense.

Aún así, con todos estos desarrollos tan positivos, el consumo de carbón como fuente de energía en América y Europa ha decrecido en un 34% desde el 2009, lo cual es algo que la revista destaca como un gran logro. Hay otra buena noticia también y es que la Agencia Internacional de Energía ha indicado que el mundo nunca volverá a niveles de consumo carbón como los que se habían visto antes de la pandemia del coronavirus.

Pero de todas formas, el carbón todavía cuenta como el 27% de la energía básica necesaria para mover casi todo a nivel mundial, desde carros hasta redes eléctricas. A diferencia del gas natural y del petróleo, el carbón tiene altas concentraciones de carbono, por lo cual representa nada menos que el 39% de las emisiones de CO2 hacia la atmósfera.

El carbón hoy parece como una herencia maldita de la Primera Revolución Industrial. Mientras que su uso ayudó a generar una era de crecimiento sin precedentes en la historia humana, su uso intensivo es el responsable en gran medida del actual calentamiento global. En el mundo desarrollado el uso del carbón como fuente primaria de energía empezó a decrecer desde 1930, empezando a desaparecer a medida que formas de energía más limpias se hacían más disponibles y baratas.

El uso del carbón ha descendido tanto en Occidente que pronto, en el 2022, las últimas plantas del Reino Unido cerrarán. Peabody Energy, una empresa minera estadounidense ha señalado que pronto enfrentará su segunda bancarrota en cinco años.

Todos estos cambios no han hecho sino acelerarse en los años recientes y a pesar de que Donald Trump intentó revivir la industria del carbón en los Estados Unidos, el apoyo de los estados a las energías renovables hizo que su plan colapsará de forma inevitable. La razón de este colapso son los créditos y subsidios estatales para las energías limpias, de manera que las granjas de energía solar y de viento proveen ya la suficiente energía para al menos dos tercios de la población americana. Y en la medida en que el carbón enfrenta más regulaciones, los bancos y los inversores se están alejando de lo que puede denominarse como la industria sucia.

Todo esto es una victoria, al menos una parcial. Mientras que Estados Unidos y Europa le han dicho adiós al consumo del carbón, en Asia las compañías mineras aún están en su mejor momento. Este continente representa al menos el 77% del uso mundial del carbón, y China sola quema al menos dos tercios de ese carbón, seguida por India. El carbón también domina en economías de tamaño mediano como Indonesia y Vietnam.

Con esta realidad en mente, si el objetivo es limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados más sobre los niveles preindustriales, Asia debe comprometerse urgentemente con el fin del uso intensivo del carbón. Mientras que nuevas plantas de carbón están siendo construidas en Asia, no será suficiente esperar la solución por las tecnologías de un “carbón limpio” que buscan capturar las emisiones de carbono una vez son liberadas a la atmósfera, tales soluciones son muy costosas y no pueden replicarse fácilmente.

Para que los objetivos de limitación del uso del carbón sean creíbles, los países asiáticos deben enfrentar sus problemas más profundos. Una estrategia válida en este escenario es terminar con los incentivos al uso del carbón, de manera que los mercados empiecen a autorregularse de manera efectiva y se inclinen hacia las energías renovables, pero esto no será suficiente.

Uno de los pasos que deberán adoptarse será renovar por completo los sistemas de redes de energía, de manera que los incentivos a las energías limpias puedan funcionar realmente. Muchas firmas de electricidad simplemente no acatan los incentivos del mercado porque están atadas a contratos largos con las empresas de carbón y porque están enredadas con subsidios opacos y límites de precios que hacen que acudir al carbón sea para ellas la opción más económica. Remover este tipo de incentivos perversos será clave para que las energías renovables puedan competir de una forma más justa con el carbón.

La buena noticia de todo esto es que este proceso es del interés de Asia, pero los países occidentales no pueden continuar observando desde lejos cómo se produce la transición, porque esta podría ser muy lenta. En este escenario la cooperación internacional será de vital importancia de manera que las personas, la infraestructura y la agricultura puedan evitar los costos de mayores sequías, la contaminación del aire, los desastres naturales y otros efectos adversos causados por el cambio climático y que en última instancia han sido acelerados por la emisiones de gases contaminantes a la atmósfera como el CO2.

“Una creciente clase media anhela que sus gobiernos limpien las asfixiantes metrópolis de Asia. Y la energía renovable ofrece un camino hacia una energía más barata, generada en el hogar, así como una fuente de empleo e innovación industrial. Los días del carbón están contados. Cuanto antes se consigne en museos y libros de historia, mejor”, sentencia The Economist.

Con información de la Revista The Economist.

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