Opinión

La lucha de Biden contra el cambio climático necesitará mucho [MUCHO] dinero

Cuando se trata de sopesar los riesgos, Estados Unidos debería dar prioridad a la lucha contra el cambio climático, en lugar de priorizar la reducción del déficit fiscal. Los costos de no actuar contra el cambio climático, en el largo plazo, serán mucho mayores que los costos de incrementar el gasto fiscal hoy.

*La siguiente columna de opinión fue escrita por Peter Richard Orszag y apareció originalmente en el Financial Times.

Estados Unidos está a punto de enfrascare en un debate acalorado sobre la lucha contra el cambio climático versus el déficit fiscal. Con un presidente consciente de los impactos del cambio climático, y la conferencia de las Naciones Unidas COP26 sobre el tema a punto de celebrarse en el mes de noviembre, ahora es el momento preciso para que el país tome acciones decisivas para frenar las emisiones de carbono.

Aún así, después de la aprobación del paquete de alivio a la economía de 1.9 trillones de dólares, la angustia sobre el déficit fiscal está devuelta en los círculos de debate económico, y la nueva ley de infraestructura y lucha contra el cambio climático podría costar al menos unos 2 trillones de dólares adicionales. El presidente Joe Biden ha propuesto un conjunto de nuevos incrementos de impuestos durante su campaña al cual se oponen ferozmente los republicanos y los grupos de negocios. En este enfrentamiento, las inversiones relacionadas con el clima deberían ser priorizadas, incluso si ellas son financiadas con un déficit fiscal mayor.

El debate actual tiene ecos de lo que pasó en el 2009, cuando el presidente era Barack Obama, por lo cual rememorar la historia puede ser algo muy instructivo en estos momentos. En ese entonces, la nueva administración firmó una ley de estímulo antes de enfocarse en el problema del déficit fiscal – la ley del cuidado de la salud. La administración Obama decidió compensar los nuevos gastos en salud con incrementos de impuestos y pagos a los hospitales y a las aseguradoras.. De manera que uno puede preguntarse ¿En qué sentido es diferente hoy la situación con el tema de la ley de la infraestructura y el cambio climático? Si el problema es el déficit, este podría incrementarse con impuestos, tal y como se hizo en ese entonces con la ley de la salud.

Primero que nada, hay diferentes grados de preocupación en cuanto al déficit. Y la narrativa prevalente es que la administración Obama se movió demasiado rápido a reducir el déficit en el 2009, lo cual impidió una recuperación más acelerada de la economía. Pero esta perspectiva pasa por alto de manera conveniente, que era necesario reformar el sistema de salud. En este mismo tiempo, una ley que expandiera el déficit no habría sido aceptada, debido a la oposición de los demócratas moderados en el Congreso. En vez de eso, lo que hizo el gobierno fue controlar el déficit tanto como fuera posible, por lo cual compensar los nuevos gastos en salud era la única elección.

Al día de hoy, los críticos del déficit están más callados – incluso cuando es probable que el déficit exceda los 2 trillones de dólares este año, y con la deuda pública acercándose al 110% el PIB. Esto se debe parcialmente a que desde el 2009, Estados Unidos ha aprendido cuánto daño e incertidumbre puede causar una excesiva preocupación por el déficit. Los intentos previos de tener una regla fiscal con una meta de no más del 60% en la deuda pública nacional, han fallado de manera absoluta. Simplemente parece que la economía estadounidense puede arreglárselas teniendo un déficit fiscal mayor. Dado que ahora un amplio número de políticos y tomadores de decisiones reconocen esto, una ley de infraestructura podría ser aprobada muy pronto a pesar de que añada más saldo rojo al déficit fiscal.

Incluso los legisladores que quieren compensar el nuevo gasto en infraestructura admiten que todavía hay espacio para un déficit fiscal adicional, ya que ellos ahora argumentan que sería solamente necesario compensar parte de ese nuevo gasto. El problema con una compensación parcial, es que es algo que confunde a todo el mundo. Si el déficit es realmente un problema ¿Por qué solamente compensar una cuarta parte del nuevo gasto? Si el nuevo déficit no es un problema ¿Por qué se debería compensar incluso un cuarto del nuevo gasto?

La segunda diferencia que hoy tenemos frente al 2009 es que que las compensaciones del déficit generado con los nuevos gastos en la ley de la salud de ese entonces, estaban alineados con los objetivos de legislación de entonces – expandir el cubrimiento de salud mientras que se hacía que el sistema fuese más eficiente. Esto ayudó a los legisladores a encontrar un terreno común en el debate. Todo se trataba de la ley de la salud, en vez de temas tangenciales como las ganancias de capital o los impuestos corporativos.

Esta confluencia de compensaciones y objetivos es algo de lo que carece la ley de infraestructura que hoy se está intentando pasar en el congreso estadounidense. Colocarle un impuesto al carbón, bien sea por medio de un impuesto o por un sistema de permisos subastados, es algo que definitivamente está fuera de la mesa, como lo está incrementar el costo creciente de la infraestructura por medio de los peajes. La mayoría de esta negativa se debe a las posiciones de los mismos políticos. Pero también hay un debate emergente acerca del énfasis que se debería colocar en colocarle un precio al carbón versus las inversiones en investigación y desarrollo y las intervenciones regulatorias para enfrentar el tema del cambio climático. Colocarle un precio a las emisiones de carbono no podría ser la panacea que muchos piensan que es.

Finalmente, y quizás más crucialmente, la naturaleza de los riesgos subyacentes es completamente diferente. Fallar al resolver la reforma de la salud en 2009 habría sido algo que hubiera causado mucho daño humano y pérdidas innecesarias. Pero fallar hoy en enfrentar la amenaza del cambio climático podría causar un daño irreversible y permanente al planeta, dañando no solamente a las actuales sino a las futuras generaciones también.

La política gubernamental por sí sola es claramente insuficiente para llevar abajo las emisiones de carbono. La innovación y los cambios en la actividad en los negocios y de los individuos también tiene mucho que ver en todo eso. Aún así, si lo que queremos realmente es llegar al 2050 con la oportunidad de cumplir el objetivo de reducir a cero las emisiones globales de carbono, Estados Unidos no puede desaprovechar este momento en el campo político.

El Cambio climático es irreversible; el mundo no volverá a ser el mismo. Pero el riesgo fiscal es algo con lo que podemos vivir y que podemos solucionar más adelante. Si una crisis fiscal surge, todavía tenemos opciones disponibles sobre la mesa para enfrentarla en el futuro. Durante los siguientes meses, Estados Unidos va a tener que elegir entre estos dos riesgos. En este momento inusual, la prioridad debería ser proteger el planeta en lugar de cuidar del presupuesto.

Con información del Financial Times.

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