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¿Vuelve el capitalismo a Venezuela? La apuesta de la millonaria familia Cisneros

*En la imagen, foto de archivo de la familia Cisneros.

La familia Cisneros es muy reconocida en el mundo que tradicionalmente pasó a llamarse “la oligarquía”, luego de que Hugo Chávez se convirtiera en presidente de Venezuela a finales de la década de los noventa. Para muchos es sinónimo de opulencia y agudeza para los negocios, algo que difícilmente hoy puede vivirse en este país, a menos que se tengan las suficientes influencias en el gobierno para llevarse una tajada del pastel de la corrupción.

Los Cisneros fueron los que llevaron marca como Studebaker, Pepsi-cola, así como grandes almacenes de piso a Venezuela, cuando el país disfrutaba de la bonanza petrolera que sacudió al mundo después de los años setenta.

La familia se hizo reconocida en toda la región por haber lanzado DirectTV, organizar concursos de belleza, producir telenovelas, así como por ser dueña de varios bancos, estaciones de televisión, heladerías y cervecerías. En fin, se puede decir que los Cisneros habían construido todo un imperio.

Luego de haber trasladado la mayoría de sus activos fuera de Venezuela, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez estaba acelerando su programa revolucionario, ahora una nueva generación de esta familia está explorando las posibilidades de invertir en Venezuela, comprando activos a muy bajo precio. Al fin y al cabo, ya es bastante difícil pensar que la economía venezolana pueda estar peor y la actual crisis económica y social podría llevar al gobierno de Maduro a hacer reformas con el fin de mantener algo de legitimidad y poder consolidar su poder en el largo plazo.

Eduardo Cisneros, el nieto del magnate Diego Cisneros, ha cofundado un fondo de capital privado en la Florida, el cual ha recaudado más de USD 200 millones de múltiples inversionistas particulares, según un documento que ha llegado ante la Comisión de Bolsa y Valores de los EE.UU.

Este fondo, llamado 3B1 Guacamaya Fund LP, ya ha efectuado varios negocios en Venezuela. El año pasado uso USD 60 millones para comprar varios negocios en el país, dentro de los que se incluía una fábrica de pinturas.

Junto a su socio Rodrigo Bitar, jefe de una firma exclusiva de fusiones y adquisiciones de Nueva York, Eduardo Cisneros se está posicionando como uno de los primeros empresarios en llegar a Venezuela para aprovechar y adquirir toda una gama de activos de elección a muy bajo precio, en una nación que alguna vez fue considerada la más rica de la región.

Después de dos décadas de mala gestión económica por parte del gobierno socialista venezolano, as cuales resultaron en que la economía se redujera en al meno un setenta por ciento, el gobierno está buscando la forma de atraer inversiones, dando pasos hacia una lenta liberalización de la economía, de manera que se pueda aliviar la actual crisis y mantener el poder político.

Algunos analistas económicos ya están prediciendo que a medida que el gobierno empiece a levantar las restricciones asociadas a la pandemia, la economía venezolana empezará a crecer. Sin importar cuán pequeño ese crecimiento, cualquier cifra de mejora sería suficiente para poner fin a una serie de siete años consecutivos de recesión.

Para el analista financiero Peter West “las oportunidades para hacer ganancias son inmensamente altas en esta primera fase de recuperación económica”. Aunque también advierte que se debe ser un inversionista con una gran tolerancia al riesgo, de manera que la persona o las entidades dispuestas a invertir puedan hacer frente a los eventuales choques adversos que podrían presentarse en el camino.

El fondo de inversión de Eduardo Cisneros opera en la misma sede de Cisneros Corporation, un servicio de consultoría fundado por los hermanos Cisneros, Eduardo, Andrés y Henrique, que se jacta de tener un “liderazgo profesional, joven, moderno y creativo”.

Ahora el fondo a comprado gran parte de las acciones de un fabricante de pinturas, Corimon S.A., que cotiza en la bolsa. Esta compañía no ha presentado resultados operacionales desde 2015, año en el que tenía 1300 empleados que trabajaban en 190 tiendas de Venezuela y en varios países más de la región.

La familia Cisneros no ha respondido públicamente con comentarios sobre la más reciente adquisición. Medios como el diario colombiano Portafolio intentaron comunicarse con ellos, así como con el director ejecutivo de Corimon, Esteban Szekely, quien tampoco respondió a las solicitudes de comentarios.

Aunque los acuerdos que ha llevado a cabo el fondo de Cisneros y Bitar han sido limitados hasta el momento, tanto el fondo de inversión como la nueva generación de la familia Cisneros se han convertido en el tema de conversación en la pequeña comunidad financiera de Caracas.

Alrededor del mundo, unos USD 200 millones podrían no alcanzar para mucho, pero dada la actual situación de crisis en Venezuela, este dinero se constituye en una fuerza inmediata con la que se pueden hacer muchas cosas.

La llegada del fondo de Cisneros hacen que muchos financistas de la región se estén planteando que el mercado y la economía venezolana llegaron por fin a su punto más bajo, lo que podría ser suficiente motivación para que otros inversionistas sigan el ejemplo y empiecen a realizar inversiones en el país.

Con las múltiples sanciones económicas que enfrenta Venezuela, el régimen de Maduro está intentando llevar a cabo una serie de reformas que podrían liberalizar la economía, haciéndola más atractiva para los inversores internacionales, luego de años de hiperinflación y de controles excesivos por parte del gobierno.

El régimen también ha empezado a privatizar algunas empresas clave a inversionistas privados, a cambio de una parte de los ingresos o productos que estas pudieran generar. La semana pasada destacamos que el régimen podría estar en conversaciones privadas con importantes petroleras estadounidenses y de Francia, debatiendo la privatización del sector petrolero del país.

Cuando Hugo Chávez estaba expropiando miles de empresas privadas, la familia Cisneros pudo mantener el control de sus negocios dentro del país. Hoy, muchos venezolanos aún usan los servicios de planes telefónicos de Digitel y ven la estación de televisión Venevisión, ambas empresas propiedad de la familia

Hace 90 años, Diego Cisneros, el abuelo de Eduardo, estableció el imperio empresarial que consolidaría a la familia como una de las más ricas de la región.

En la década de los setenta, una segunda generación de la familia, los hijos de Diego, tomaron el control de los negocios. En la década de los ochenta, el imperio empresarial de los Cisneros inició su expansión internacional, comprando empresas en estados Unidos, así como un participación en la cadena televisiva Univisión.

En el año 2000, cuando Chávez estaba iniciando su programa de reformas socialistas en el país, la familia estableció la sede del grupo en la Florida. Desde allí, el Grupo continúo expandiéndose en toda América Latina, bajo el liderazgo de Gustavo Cisneros, y luego de su hija, Adriana Cisneros.

Aunque el fondo establecido para invertir en Venezuela es administrado por Eduardo Cisneros, no existe un vínculo formal entre el Grupo Cisneros y el fondo de inversión 3B1 Guacamaya.

A principios de marzo un fondo de capital privado llamado VeneCapital celebró un foro en Caracas titulado “Venezuela nuevamente en el radar de los inversionistas internacionales”. Allí los financistas señalaron que Venezuela es ahora el mercado de mayor potencial en América Latina y que no están esperando un cambio de régimen para hacer negocios en el país. Saben que el cambio de régimen probablemente nunca llegará y que probablemente el nuevo escenario político y social del país se parezca mucho a la apertura que realizó China desde la década de los setenta, cuando el país cambió su sistema económico sin cambiar su régimen político.

En el foro, los financistas señalaron que los sectores de la telecomunicación, los bienes raíces, el petróleo y el gas, son ya objetivos atractivos para los inversionistas extranjeros.

En el mes de octubre, el gobierno de Nicolás Maduro aprobó una ley antibloqueo económico, la cual está abriendo el camino para que la inversión extranjera en la industria petrolera vuelva al país luego de su nacionalización en la década de los setenta, cuando el mundo empezaba a experimentar la era del petróleo caro.

En 2020, un fondo internacional llamado Phoenix Global Investment compró activos de la empresa productora de alimentos Cargill en Venezuela, una de las compañías de alimentos más representativas del país.

En el 2019, un grupo de inversionistas chilenos compró la sucursal venezolana de la aseguradora estadounidense Liberty Mutual Holding Co.

Peter West cree que el mayor riesgo que pueden enfrentar las empresas que hagan inversiones en Venezuela es entrar demasiado temprano, antes de que todas las condiciones estén dadas para que se pueda producir un crecimiento sostenido, pero dado de que las expectativas de un mayor hundimiento de la economía venezolana no parecen algo realista en el horizonte, muchas empresas están asumiendo que esté es el momento correcto para empezar a invertir.

Con información de Portafolio.

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