Historia

Qué fue la revolución agraria y cuál fue su impacto en la economía

La revolución agraria del neolítico

«Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. « Génesis 3, 19.

La llamada revolución agraria o revolución del neolítico es un proceso histórico que se inicia hacia 9000 A.C. , cuando en la región del Levante (En Medio Oriente, lo que hoy es Siria, Israel, Jordania y Líbano) se domestican los primeros cereales: el trigo y la cebada y se da una transición desde la recolección de frutos a los cultivos sistemáticos y organizados en plantaciones.

Una sociedad capaz de hacer pan

A pesar de esto, hay evidencias de que hacia el 14500 antes de la era cristiana ya se habían desarrollado innovaciones agrícolas en la alimentación en la región del Levante, concretamente el desarrollo del pan.

Posteriormente a la domesticación y uso agrícola de la cebada y el trigo, otros alimentos empezaron a cultivarse. Estos alimentos fueron: la lenteja, el guisante, la escanda y el lino.

Nacimiento de las ciudades

Para el arqueólogo Gordon Childe, la revolución agraria es una transformación radical en las formas de vida, desarrollo y organización de la sociedad. Las sociedades primitivas pasaron del nomadismo (vagar de un sitio a otro recolectando frutos silvestres y cazando animales) al sedentarismo (establecerse en pequeños pueblos y ciudades, domesticando los animales y desarrollando la agricultura como formas de sostenimiento económico)

Una de las principales consecuencias de la adopción de la agricultura, mediante la selección de plantas más eficientes, logrando que pudiesen ser más eficientes para alimentar a una población mayor.

Economía más compleja y nacimiento del trabajo

En este contexto, el cultivo del trigo supone el cambio de una vida nómada a una vida sedentaria que exige el desarrollo de habilidades técnicas y la elaboración de sistemas complejos de organización para regar los campos, plantar, cuidar las plantas, abonarlas y cosecharlas.

Con la agricultura, los humanos del neolítico lograron obtener más alimentos por kilómetro cuadrado que el que tenían a su disposición por la simple caza y recolección de frutos silvestres. De esta forma hubo más alimentos para poblaciones crecientes y donde antes podían vivir 100 personas errantes ahora podían vivir mil personas, establecidas en una unidad territorial administrada y definida con fronteras claras.

Nacen los superávits y/o excendentes

Con el cultivo de plantas y el desarrollo de la ganadería nacen los superávits económicos, es decir excedentes que se pueden ahorrar (almacenar a salvo) para su uso en el futuro. Así nacen los graneros de la antigüedad y se da paso a la organización de una sociedad más compleja organizada en castas y con una autoridad central, un rey, que dispone de los graneros a voluntad, establece una casta sacerdotal y de familias nobles a su alrededor y esclaviza a pueblos vecinos que son conquistados por medio de un desarrollo armamentístico más complejo.

El nacimiento de la agricultura significa que los alimentos que se cosechan ya no solo son suficientes para alimentar a la especie, si no que que ahora se puede almacenar para su uso futuro. Esto, como lo explica Yanis Varoufakis en su libro Economía Sin corbata, es el nacimiento del superávit.

Estructuras sociales más complejas: Deudas, impuestos, reyes y ejércitos.

El uso del superávit supone el nacimiento de elementos y estructuras complejas que se reproducirán a lo largo de la historia humana: ciudades, deuda, dinero, escritura, Estados, ejércitos, clero, burocracia, tecnología y la vestimenta que diferencia a ricos de pobres, a nobles de esclavos y al clero de los laicos.

La escritura nace para poder registrar los superávits de cosecha correspondientes a cada agricultor, emitiendo monedas y certificados de posesión que garantizan la tenencia de una cosecha en un granero administrado por el Estado.

El nacimiento de los primeros Estados, conformados por reyes, una burocracia a su servicio y ejércitos, supone a la vez que se garantice la resolución de conflictos y se aseguren los derechos de propiedad sobre los superávits creados, así como de todas las herramientas que la agricultura hizo posibles: viviendas, división de la tierra, tenencia de esclavos, sumas de dinero medidas en oro y plata, etc.

La legitimidad de los Estados

Del mismo modo nace una estructura clerical que brinda legitimidad al poder estatal mediante el desarrollo de mitos fundacionales en los que generalmente se considera a los reyes como descendientes directos de las divinidades. Esto asegura la cohesión social en torno al monarca, evitando las revueltas y garantizando la estabilidad social, política y económica de las primeras sociedades sedentarias. Lo único que se interpondría entre el rey y el poder sería la hambruna colectiva que daría lugar a revueltas y/o la invasión de reinos extranjeros que tenían otro clero y otros dioses.

Luego del desarrollo de esta legitimidad, los reyes podían disponer del superávit agrícola a su conveniencia y redistribuirlo o no dentro de la sociedad del modo que quisieran.

Desarrollo tecnológico

La invención de la agricultura supuso que todos los miembros de una sociedad ya no tuviesen que ser empleados en las labores de subsistencia, trabajando en el campo para obtener el alimento. De modo, que mientras que unos trabajaban en el campo, otros podían permanecer ociosos, ensayar cosas, hacer nuevas herramientas y desarrollar nuevas tecnologías. De este modo nacen las primeras armas complejas, la metalurgia, la escritura, las matemáticas, la arquitectura, el vino, el comercio, la alfarería entre otros.

Consecuencias económicas de la revolución agraria

La revolución agraria significó el salto más grande que la humanidad enfrentó en toda la historia. El nacimiento de las ciudades y la expansión demográfica son las primeras consecuencias directas de esta revolución, haciendo que la humanidad se volviese más rica en solo unos cuantos siglos.

La adquisición de nuevos conocimientos como las matemáticas, la arquitectura, la ciencia, el estudio de los astros y las estaciones para saber en qué fecha sembrar y en cuál cosechar, así como el desarrollo de las armas supuso que las sociedades pudieran tener más «valor» o beneficios por su trabajo. Esto quiere decir que el Producto del trabajo se incrementó: donde antes solo se podía obtener la carne y las semillas para sobrevivir un día luego fue posible obtener granos para alimentar a pueblos enteros, permitiendo que se liberara mano de obra para otras actividades y creando nuevos bienes y servicios como los objetos de la alfarería, las joyas, las monedas, el vino, los carruajes, la domesticación de animales para el trabajo agrícola, haciendo que el trabajo duro como el arado pasara a ser tarea de bueyes, mulas y caballos.

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En su conjunto la revolución agraria supone el desarrollo e inicio de «la sociedad», los valores nuevos y agregados de esta sociedad, la obtención de beneficios que pueden ser ahorrados es el nacimiento de una economía más compleja y que permite pensar en el futuro al ser humano, liberando su imaginación para poder ser más rico, poderoso e ingenioso. Nacen así las ciudades, los reyes, las leyes, los dogmas, los códigos civiles como el código de Hammurabi o Los Números del pueblo hebreo, las monedas, las deudas y todas las herramientas que serían la base de la sociedad moderna que hoy conocemos. Nada de esto hubiese sido sin la revolución agraria, ni siquiera los bancos.

Con información de La Ciencia y sus demonios.

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