Historia

¿Por qué el 1 de mayo se celebra el día internacional del trabajo?

El día internacional del trabajo es una conmemoración de las protestas que sucedieron en Estados Unidos el 1 de mayo de 1868, cuando la Federación Americana del Trabajo convocó una huelga general exigiendo que se estableciese una jornada laboral máxima de ocho horas. La huelga tuvo una acogida particularmente fuerte en Chicago, en donde las protestas continuaron los días 2 y 3 de mayo, con numerosos heridos y muertos.

La reivindicación de la jornada laboral de ocho horas fue algo que se colocó en abierta confrontación con los intereses de los grupos empresariales y es un gran ejemplo de cómo el mercado no puede decidir por sí mismo todo lo que es conveniente para una sociedad.

Tradicionalmente los ideólogos liberales han asumido que todo lo que decide el mercado es inherentemente justo pues se produce en el marco de las leyes de la oferta y de la demanda de hombres libres. Así, un liberal dirá que si una persona no quisiera trabajar más de ocho horas diarias no demandaría un empleo que demande más de ese tiempo al día.

Algunos liberales argumentarán que esta crítica es un “hombre de paja” o un “argumento falaz”, pues ningún liberal hoy en día estaría a favor de la explotación laboral. Puede que haya algo de “hombre de paja” en esta crítica, pero lo cierto es que si seguimos la lógica liberal, la idea de que el mercado laboral debería estar desregulado es una consecuencia lógica del ideario liberal. De hecho algunas empresas grandes y bancos sí tienen horarios que van más allá de las ocho horas laborales diarias, lo cual ha suscitado una gran oposición entre los empleados que trabajan para dichas empresas en donde la jornada estándar de ocho horas no es una realidad.

La jornada laboral de ocho horas: No es un invento del mercado laboral

Si miramos a fondo la historia, la jornada laboral de ocho horas diarias no fue algo que surgiera de las relaciones libres y pacíficas del mercado laboral en el que la oferta y la demanda determinan los precios. Fue necesaria la intervención del Estado para que esto pudiera convertirse en una realidad, además de mucha sangre y demandas incluso violentas, así como también de la confrontación violenta entre varios actores de la sociedad con posiciones diametralmente opuestas sobre este tema.

El lema de ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, y ocho horas de descanso de los primeros movimientos que luchaban por la reducción de la jornada laboral.

En España, fue el Rey Felipe II quién estableció por un edicto real, la jornada laboral de ocho horas diarias en el año 1593, mucho antes de que esto fuera un estándar a nivel mundial. “Todos los obreros de las fortificaciones y las fábricas trabajarán ocho horas al día, cuatro por la mañana y cuatro por la tarde; las horas serán distribuidas por los ingenieros según el tiempo más conveniente, para evitar a los obreros el ardor del sol y permitirles cuidar de su salud y conservación, sin que falten a sus deberes”, señalaba el edicto del rey.

Sin embargo, tras la llegada de la Revolución Industrial a la sociedades europeas y a los Estados Unidos, la producción de las grandes fábricas transformó la vida laboral tradicional. Las jornadas laborales aumentaron drásticamente con el fin de satisfacer el apetito voraz de los empresarios por grandes retornos. Las condiciones laborales se convirtieron prácticamente en una nueva forma de esclavitud. En Gran Bretaña por ejemplo, la jornada laboral diaria era de 15 horas, desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche. Las condiciones de trabajo sin regulación ni control deterioraron la salud, el bienestar y la moral de los trabajadores. También era común el uso del trabajo infantil.

En 1860, el periódico The Daily Telegraph explicaba las condiciones y los horarios en los que los niños trabajaban:

“a las 2, a las 3, a las 4 de la mañana, se sacan a la fuerza de sus camas sucias a niños de 9 a 10 años y se les obliga a trabajar para ganarse un mísero sustento hasta las 10, las 11 y las 12 de la noche”.

El movimiento por la reducción de la jornada laboral

Desde 1810, Robert Owen, un empresario, teórico, filántropo y socialista inglés, difundió la idea de que la calidad del trabajo del obrero tiene relación directamente proporcional con la calidad de vida del mismo, por lo que para mejorar la calidad de la producción de cada trabajador, era necesario brindar mejoras en aspectos tales como salarios, vivienda, higiene, educación, prohibir el trabajo infantil y determinar una cantidad máxima de horas de trabajo de diez horas y media, para comenzar. En 1817 Owen formuló la idea de una jornada laboral de ocho horas y acuño el lema de “ocho horas de trabajo, ocho horas de entretenimiento, y ocho horas de descanso”.

Durante el siglo XIX, varios movimientos sociales, especialmente los de corte socialista democrático impulsaron la idea de una jornada laboral de ocho horas diarias y formularon sus pliegos de peticiones a las empresas y a los gobiernos junto con otras reivindicaciones como las de mejores salarios.

Para 1868, el presidente estadounidense Andrew Johnson, luego de las sucesivas protestas y reivindicaciones de asociaciones de trabajadores, promulgó una ley en la que se declaraba que la jornada laboral debía ser de ocho horas diarias, aunque con varias excepciones que permitían aumentar la jornada laboral hasta 14 y 18 horas al día. Pero debido al incumplimiento de la ley, las organizaciones de trabajadores y sindicales se movilizaron para hacerla cumplir. La prensa liberal calificaba al movimiento como “indignante e irrespetuoso”, “un delirio de lunáticos patriotas” y señalaba que las demandas eran como pedir que se pagara un salario sin cumplir con una hora de trabajo. Luego de todas estas contrariedades para el movimiento obrero, el 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciarían una huelga mientras que otros 200.000 trabajadores conquistaban las ocho horas diarias con la simple amenaza de parar la producción.

El éxito del movimiento de los trabajadores en Estados Unidos llevó a que la lucha se extendiera con mayor optimismo por otras partes del mundo, aunque la conquista de las ocho horas de trabajo diarias demoraría en llegar a países como Australia o los latinoamericanos. Por ejemplo, fue solo hasta 1917 que en México se estableció una jornada laboral de ocho horas por ley.

En Rusia, fue también solo hasta la revolución socialista de Octubre que se estableció la jornada laboral de ocho horas como un estándar.

Luego de la primera guerra mundial, la jornada laboral de ocho horas se estableció como el estándar entre las naciones industrializadas. Y desde ahí se empezó a establecer a lo largo del mundo, aunque aún con numerosas limitaciones que permiten que muchas empresas exploten a sus trabajadores y disfracen la explotación más allá de las ocho horas diarias mediante contratos de servicios especiales, o contratando vía terceras empresas y de esta manera se elude la aplicación de las leyes laborales.

El día Internacional del Trabajo como un festivo de celebración mundial

Tras los sucesos de protestas en Estados Unidos, la Segunda Internacional Socialista dio un gran impulso a los intentos de convertir el 1 de mayo en un día festivo, siempre reivindicando la reducción de la jornada de trabajo a las ocho horas diarias y la mejora de las condiciones laborales.

En 1904, la Segunda Internacional reunida en Ámsterdam pidió a “todos los partidos, sindicatos y organizaciones socialdemócratas luchar de forma enérgica en el Primero de Mayo para lograr el establecimiento legal de la jornada laboral de ocho horas y que se cumplieran las demandas de los trabajadores para conseguir la paz universal”. De la misma manera, se hizo obligatorio que todas las organizaciones sindicales y de trabajadores dejarán de trabajar el 1 de mayo, siempre que fuera posible y sin perjuicios para los trabajadores”. Luego de esto, paulatinamente al rededor del mundo se fue estableciendo el 1 de mayo como un día festivo, luego de las presiones de los trabajadores.

La iglesia católica y la simpatía cristiana con los movimientos obreros

Papa León XIII, un defensor de los obreros.

Desde la revolución industrial el cristianismo había empezado a mirar con preocupación el ascenso de las ideologías de corte marxista, las cuales ganaban la simpatía de los trabajadores a lo largo del mundo. Sin embargo, la iglesia no fue ajena a las preocupaciones por los trabajadores y un trato digno de los mismos en el sitio de trabajo. El 5 de mayo de 1891, el papa León XIII publica su encíclica Rerum Novarum en la que destaca la difícil situación de los obreros y la necesidad de responder de una manera más humana a sus demandas. La encíclica del papa León condenó los movimientos socialistas, pero reivindicó las demandas de los obreros y exhortó a los empresarios a llegar a acuerdos con las organizaciones sindicales y los estados para mejorar las condiciones de las fábricas.

Así, en la encíclica se ven ecos fuertes de las demandas de los obreros y las organizaciones de trabajadores para reducir la jornada laboral: “En todo contrato concluido entre patronos y obreros debe contenerse siempre esta condición expresa o tácita: que se provea a uno y otro tipo de descanso, pues no sería honesto pactar lo contrario, ya que a nadie es lícito exigir ni prometer el abandono de las obligaciones que el hombre tiene para con Dios o para consigo mismo”.

La encíclica de León XIII fue el comienzo de un amplio movimiento de consciencia social dentro de la iglesia cristiana, el cual se consolidaría con una doctrina social de la iglesia que fue formulada por los papas y que ha venido siendo ampliada desde entonces. El 1 de mayo de 1955, el Papa Pio XII, en un discurso a la Asociación Italiana Cristiana del Trabajo la ACLI, instituye la fiesta de San José Obrero, recordando la forma en que los cristianos dan un sentido sacro al trabajo que realizan y que este deber realizarse en condiciones dignas de manera que se logre la justicia en las relaciones laborales.

Concepción del trabajo en la sociedad contemporánea

En la medida en que las tecnologías han permitido que más y más actividades sean realizadas de forma automática por robots o mecanismos de inteligencia artificial, así como debido al gran crecimiento población que ha experimentado la humanidad durante el siglo XX, hoy son muchas las voces que reclaman una reducción más sostenida de las horas de trabajo semanales. Algunos incluso llaman a una semana laboral de 4 días y argumentan que mayores espacios de descanso permiten que los trabajadores dediquen su tiempo a labores más significativas como la vida en familia y el entretenimiento, las cuales revitalizan la mente y el cuerpo y permiten que estos se desempeñen con una mayor eficiencia en sus horarios de trabajo convencionales. Una semana laboral de 4 días y una jornada laboral de ocho horas diarias permitiría también que las empresas se vean obligadas a contratar más empleados, enfrentando de esta manera el grave problema del desempleo, que según la OIT afecta a 190 millones de personas a nivel mundial.

La automatización del trabajo en la era moderna hace que las sociedades tengan que replantearse los desafíos y las oportunidades del trabajo humano, así como la pertinencia de semanas y jornadas laborales extensas.

Mientras que el trabajo permanece como un tema de debate a nivel mundial, es claro que en cada época este ha estado ligado a las condiciones económicas propias de cada sociedad y enfrenta desafíos distintos en cada momento. No se puede olvidar tampoco que millones de personas viven en condiciones de esclavitud, obligadas a realizar trabajos sin paga alguna y sin poder escapar de aquellos que los explotan. Actualmente, según los datos oficiales, más de 40 millones de personas viven en condiciones de esclavitud. En este sentido, se hace necesario un trabajo desde varios frentes: primero: fortalecer el crecimiento económico para generar mayores fuentes de empleo de calidad y en condiciones dignas, segundo: reformar la legislación existente en cuanto al empleo, de manera que se permitan jornadas semanales más cortas, las cuales obliguen a las empresas a contratar nuevos empleados y que de esta manera se genere una mayor productividad y riqueza que este mucho mejor distribuida entre toda la población y, tercero, enfrentar de manera decidida todas las formas de explotación laboral y esclavitud, reduciendo así los incentivos para estas prácticas, de manera que no se perpetúen más.

Mientras que el trabajo evoluciona en cada generación, especialmente con la demanda de nuevos productos y la llegada de nuevas tecnologías, es preciso que los gobiernos tomen nota de los cambios que se necesitan para que el trabajo se realice de forma digna, creativa, productiva y satisfactoria en cada etapa de la historia futura. En este sentido un mayor impulso a la educación permitirá que las generaciones venideras se encuentren en mejores condiciones para participar en un mercado laboral que demanda nuevas competencias de parte de ellos y que les pueden brindar mejores condiciones de vida. En este mismo sentido, unas estructura fiscales y tributarias adecuadas, por ejemplo a través de programas de gasto estatal y mayores impuestos a las compañías grandes, que compensen a las empresas más pequeñas y que son las que más generan empleo, pueden ser herramientas útiles para dignificar el trabajo a escala mundial.

La esclavitud moderna

Prisioneros estadounidenses llevando a cabo trabajos mal remunerados.

Por otra parte, una estructura más democrática en la sociedad permitirá que el trabajo se pueda realizar en condiciones realmente dignas. Hoy, Corea del Norte es el país que más mano de obra esclava concentra a nivel mundial en términos de proporcionalidad respecto a su población. Igualmente un gran número de naciones africanas, donde la democracia sigue siendo débil e incipiente, representan una gran cantidad, también en términos proporcionales respecto a la población, de la cifra mundial de mano de obra esclava.

Por paradójico que parezca, también en naciones desarrolladas vemos condiciones de esclavitud que minan el derecho de las personas a un trabajo digno. En Estados Unidos la esclavitud es legal si una persona se encuentra presa, lo que quiere decir que las correccionales pueden pagar salarios muy bajos a los presos a cambio de su trabajo. En el 2018, un grupo de presos estadounidenses organizó una protesta por las condiciones laborales en las que se encontraban. Dependiendo del trabajo que realizaran, se les pagan desde 1 dólar hasta 1 dólar con 50 centavos por hora, cuando el salario mínimo en muchas partes del país llega a los 10 dólares y se va acercando a los 145 dólares la hora. La mayoría de los presos no pueden optar por empleos relacionados con lo que trabajaron cuando estaban en prisión, ya que los empleadores son reacios a contratar a ex-presidiarios.

Hay que decir que Estados Unidos tiene la población presa más grande del mundo, a la vez que la esclavitud a la que somete a muchos de sus presos, la mayoría de los cuales son negros, rememora los tiempos de la esclavitud previa a la guerra civil, en la que los Estados del Sur hacían uso de la mano de obra negra a su antojo y frecuentemente en condiciones ampliamente inhumanas.

Prostitución forzada y trabajo sexual legal

Manifestación por los derechos de las trabajadoras sexuales

Otro de los elementos en los que podemos ver la prevalencia de la esclavitud a nivel mundial es en el secuestro de mujeres de países pobres para ejercer la prostitución forzada. La prostitución forzada es el subproducto de la prohibición de la prostitución libre en muchas naciones, lo cual hace que para los traficantes de personas, sea mucho más rentable explotar a mujeres forzadas a ejercer la prostitución ya que no existe una oferta legal que sea la competencia a la prostitución forzada. En Occidente, las asociaciones de trabajadoras sexuales han buscado largamente que se reconozca su oficio como un trabajo y que se les provean de condiciones dignas para el ejercicio de esta forma de empleo. Sin embargo, los tabúes existentes, así como la presión por la prohibición o la abolición por parte de grupos feministas, solo han logrado que el trabajo sexual legal se siga estigmatizando y se continúe poniendo en riesgo a las mujeres que lo ejercen, las cuales son frecuentemente víctimas de acoso, violaciones en sus sitios de trabajo, e incluso asesinatos.

Según un informe de la UNODC, la agencia de Naciones Unidas para combatir la droga y el delito, la explotación sexual constituye la mayor forma de tráfico de personas, con un impresionante 53% de las víctimas de trata de personas siendo explotadas con fines sexuales. Si las estimaciones de que entre 800.000 y 4 millones de personas son engañadas cada año para ser usadas y explotadas laboralmente son correctas, el número de mujeres que son reclutadas cada año para ejercer la prostitución forzada podría ascender fácilmente a las 2 millones de víctimas.

Trabajo infantil

El trabajo infantil sigue siendo un drama de grandes dimensiones a escala mundial

A nivel mundial el trabajo infantil sigue siendo una realidad que agota las posibilidades de los niños, niñas y adolescentes de llevar una vida digna.

Según las estimaciones de las Naciones Unidas, más de 151 menores de edad son víctimas del trabajo y la explotación infantil. Si el trabajo infantil estuviera efectivamente abolido a nivel mundial, el desempleo sería prácticamente inexistente, ya que para llenar estas vacantes sería necesario contratar mano de obra adulta, de la cual 190 millones de personas se encuentran en estado de desempleo a nivel mundial.

Hay que señalar que el trabajo infantil representa una gran carga para las economías más que un ahorro. Aunque es cierto que a los menores se les paga menos por su labor, y las empresas y las familias pueden “ahorrarse” los costos plenos de un trabajador adulto, la realidad es que los menores dejan de asistir a las escuelas y formarse para empleos más cualificados, lo que finalmente termina cercenando la innovación y el desarrollo a largo plazo.

Con menos mano de obra calificada, las empresas dejan de invertir en las naciones que cuentan con trabajadores poco cualificados y llevan su dinero de vuelta a las economías desarrolladas, lo cual a su vez profundiza la desigualdad y hace que los prospectos de crecimiento económico sean mucho más débiles para las economías que no lucharon contra el trabajo infantil.

En este sentido, en lugar de invertir en mano de obra poco cualificada con el trabajo infantil, es sumamente importante que los estados logren prohibiciones efectivas del trabajo infantil e inviertan en la formación de los niños y jóvenes para los empleos del futuro. Tal inversión redundará en mejores niveles de vida de cada persona inmersa en el mercado laboral y por ende también en los niveles de vida de sus familias.

Seguridad laboral

Otro de los elementos que deben considerarse cuando hablamos de condiciones de empleo dignas es la seguridad en el sitio de trabajo. Son numerosas las empresas que evitan cumplir con las regulaciones laborales, con el fin de generar ahorros en sus procesos productivos. En tales casos, la seguridad laboral de los trabajadores queda expuesta, lo que resulta en accidentes de trabajo, exposiciones a químicos y sustancias peligrosas, sin que haya compensaciones por parte de las empresas. En Colombia, la explotación del asbesto, un material industrial que se usaba para la construcción, tuvo que ser prohibido por el gobierno nacional por las afectaciones que este material generaba en la salud de los trabajadores. Aún así, en un primer momento las empresas fueron reacias a cumplir con las regulaciones en un primer momento, lo que llevó a una intensa campaña y un acalorado debate que finalizó con la prohibición efectiva de este material en las construcciones.

En Estados Unidos la seguridad laboral también ha sido objeto de un fuerte debate, empresas como Amazon han estado en la mira de las críticas por no permitir que los trabajadores tuvieran tiempo para ir al baño o un tiempo adecuado para el almuerzo. Esto derivó en múltiples protestas en contra de la compañía y en investigaciones que han dañado en gran medida la imagen pública de esta compañía.

Conclusiones

A medida en que cada año se recuerda esta fecha, el 1 de mayo, como el día internacional del trabajo, es importante recordar que no solamente se requiere de una jornada laboral adecuada que permita el descanso de los trabajadores, sino que es imperativo que todas las condiciones que conforman la vida laboral sean dignas y permitan la realización del trabajador y su desarrollo en otras áreas de la vida. Un salario digno le permite a los trabajadores la posibilidad participar de manera democrática en la sociedad de consumo y proporcionar los medios de subsistencia adecuados para su familia.

En la medida en que cada era trae formas de trabajo diferentes y necesidades cambiantes, es preciso que los empleadores, los estados y la sociedad en general escuchen lo que los trabajadores tienen que decir. Es por esto que aunque se han logrado grandes conquistas laborales a lo largo de la historia, la voz de los trabajadores, como auténticos generadores de riqueza debe ser atendida si es que se desea que la riqueza del futuro pueda ser generada y distribuida de manera más eficiente y democrática.

Con información de Wikipedia, Naciones Unidas, Vatican.va y la OIT.

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