Economía Global

No habrá ganadores en una guerra de divisas

¿Estados Unidos y China Se embarcarán en una guerra de divisas?

Las guerras comerciales fomentadas por la administración de Donald Trump están al borde de convertirse en una guerra de divisas.

¿Qué es una guerra de divisas?

Una guerra de divisas se presenta cuando países, con distintos tipos de moneda, devalúan el valor de su moneda local respectivamente, tratando de hacer que sus exportaciones sean más baratas para los compradores extranjeros y por lo tanto más competitivas. Si dos países están intentando devaluar, al mismo tiempo, su moneda en relación con la del otro, estamos hablando de una guerra de divisas.

Peligros para la economía de una guerra de divisas

La devaluación de la moneda podría ser vista como un elemento útil en el kit de herramientas de política monetaria para las economías que están sufriendo de un lento crecimiento, o a su vez, lidiando con disputas comerciales, pero conlleva un enorme riesgo para estos mismos países y para la economía.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, las cuales están a punto de convertirse en una guerra comercial abierta, constituyen el frente principal de batalla en las guerras de divisas.

La posición de China

Por cerca de 15 años, desde el 2000 hasta mediados de 2014, el Banco Central de China ha intervenido en los mercados internacionales de divisas para evitar que el renminbi (o Yuan) se aprecie de manera rápida frente al dólar americano. Al hacer eso China ha ganado cierta competitividad para sus exportaciones. Desde mediados de 2014 la intervención ha sido en la dirección opuesta; para prevenir que el renminbi se deprecie demasiado o demasiado rápido.

Lo que piensa Estados Unidos

La administración de Donald Trump ha designado a China como un país manipulador de divisas. Esta concepción de Trump es errónea y llega un poco tarde, ya que ahora las intervenciones del banco central de China han favorecido mayormente a los exportadores estadounidenses, no a los chinos.

Más aún, dada la arbitrariedad de la designación de China como un país manipulador de divisas, China podría estar tentada a permitir una mayor depreciación del renminbi para golpear a Estados Unidos, especialmente para compensar las pérdidas por la imposición de tarifas comerciales.

A China no le conviene devaluar (mucho) su moneda

Este paso tendría pocos beneficios y conlleva enormes riesgos para China. Un riesgo, con el cual los especuladores están soñando en este momento, es que una debilidad del renminbi lleve a una espiral de la depreciación de la moneda y una salida de capitales, como ocurrió entre el 2014 y 2015. El gobierno chino está mejor preparado esta vez para prevenir tal escenario – puede usar sus reservas internacionales de manera más agresiva para cortar la actividad especulativa tanto dentro como fuera del país. Pero tales medidas, al lado de cualquier endurecimiento de los controles de capitales para reducir la volatilidad de los flujos de capital, podrían deshacer los esfuerzos que Beijing ha hecho para convencer a los inversores internacionales de que ellos pueden contar con políticas monetarias y de capital estables y que deberían invertir en los mercados de bonos y acciones de China.

Bancos centrales del mundo responden devaluando sus monedas locales

Unas cuantas economías emergentes importantes, como Tailandia e India, han bajado sus tasas de interés de manera notoria como una acción defensa para protegerse a sí mismas de los daños colaterales que pueden resultar de las crecientes tensiones en el comercio internacional, en medio de un crecimiento económico débil. Los bancos centrales de las economías más avanzadas, como el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo están dispuestos a suavizar su política monetaria, emitiendo más dinero en los próximos meses para poder lidiar con las dificultades por las cuales atraviesan sus propios países.

Dada la importancia del comercio para estos países, y sea que ellos sean el blanco explícito de monedas más débiles, estos bancos no tienen dudas en actuar para proveer un impulso al crecimiento.

Bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos ha emprendido una retórica más agresiva, amenazando con devaluar el dólar si sus socios comerciales se comprometen en lo que Trump considera como devaluaciones competitivas de la moneda. Estados Unidos ha mostrado poco interés en intentar diferenciar si estas devaluaciones están dirigidas a enfrentar las necesidades del mercado o si son devaluaciones con objetivos políticos y estratégicos, viendo toda devaluación como un acto económico hostil.

Estados Unidos tendría grandes dificultades para devaluar el dólar

Una guerra de divisas haría muy poco para mejorar el estado actual de la economía estadounidense. Es mucho más difícil para Estados Unidos devaluar el dólar, irónicamente porque es la moneda con presencia dominante en los mercados financieros globales. Sería duro comprometerse con intervenciones unilaterales en una escala suficientemente grande para afectar el valor del dólar en relación con el de otras monedas de referencia — especialmente si la Reserva Federal se mantiene al margen de tal emprendimiento –. Por otro lado, al movimiento podría incitar una guerra de divisas más amplia, con otras naciones intensificando y tomando sus propias medidas retaliatorias. La confusión resultante en los mercados financieros podría de hecho reafirmar el valor del dólar si los inversores deciden buscar refugios seguros.

El dólar sigue siendo un activo de refugio en tiempos de incertidumbre y poco crecimiento

De manera que para Estados Unidos una guerra de divisas tendría el efecto paradójico de fortalecer su moneda, la cual permanece como el último refugio de los inversores en términos de alta incertidumbre. No obstante, Trump ha tratado de forzar a la Reserva Federal para que participe en una guerra de divisas que podrían tener consecuencias duraderas para la credibilidad del Banco Central.

Hay otros costos para la economía mundial. Un dólar muy fuerte podría terminar creando un daño colateral en algunas economías emergentes, en sus balanzas de cuentas de pagos, al incrementar el valor de su deuda externa, que se haya en dólares y al debilitar su moneda, alejando la inversión extranjera.

Ni la guerra comercial ni la guerra de divisas son buenas para la economía

Todos estos tipos de convulsiones en los mercados de divisas añaden incertidumbre a la que ya se ha generado debido a las tensiones comerciales. Esta incertidumbre, en suma a la volatilidad creada en los mercados de divisas por la guerra de monedas, mantendrán la inversión en negocios en un punto de debilidad y continuarán hiriendo la productividad y el crecimiento del empleo alrededor del mundo.

Una moneda más barata podría parecer algo fácil de diseñar y al mismo tiempo podría pensarse como un mecanismo para impulsar el crecimiento doméstico y tomar medidas retaliatorias contra las sanciones comerciales impuestas por otros países. Pero los beneficios reales probablemente sean efímeros mientras que los costos al dificultar las inversiones y al tener un mercado alterado, serían una pérdida del crecimiento enorme.

Con información del Financial Times.

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