Desarrollo social

Salvar la Amazonía debe ser un propósito global

La Amazonía en Llamas

Más allá del PIB que produce Brasil, es necesario mirar a los beneficios sociales y económicos del aire que nos provee la región de la Amazonía.

Dos marcas importantes han detenido sus compras del cuero amazónico. Fondos de pensión escandinavos están examinados sus valores de cartera en compañías con alta exposición a la deforestación. El Brazo de inversiones del Banco danés Nordea ha suspendido sus compras de los bonos de deuda del gobierno brasileño. Estas decisiones llegan como respuesta al 67 por ciento de incremento en el número de incendios en la región de la selva de la Amazonía este verano, muchos de los cuales fueron iniciados de manera deliberada.

Frecuentemente precedidos por talas de árboles, los incendios están dirigidos a «limpiar» la selva de árboles con la intención de aumentar la ganadería y la producción agrícola.

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La selva del Amazonas es un recurso natural único y sumamente valioso, vital por su rica biodiversidad y por su rol en contener el dióxido de carbono, así como por su influencia en los patrones globales del clima. Los fuegos, que han consumido miles de hectáreas de selva virgen, son tristemente familiares. Sin embargo, este año, se han debido más a la actitud laxa del presidente brasileño en materia ambiental. El nacionalista Jair Bolsonaro quiere abrir más el Amazonas al «desarrollo». Los cortes en el presupuesto de la agencia medioambiental de Brasil y la presión sobre los guardabosques para no hacer válidas las leyes de conversación han envalentonado a los rancheros para cortar árboles y quemar más selva de manera libre. El despido del presidente de la agencia espacial de monitoreo de la deforestación también se sumó a los problemas este año.

La indignación internacional causada por los incendios forzó al presidente Bolsonaro a enviar a las fuerzas armadas a luchar contra los incendios. Él ahora reclama que «habrá cero tolerancia» para los crímenes medioambientales. Esto no debería engañar a nadie. El pasado de Bolsonaro señala una clara ruptura con las pasadas políticas de conservación, puestas en marcha durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff . Curiosamente, Bolsonaro se encuentra con la opinión pública en contra suya; una reciente encuesta mostró que el 93% de los brasileños favorecen la preservación de la Amazonía.

Este año, el alza en los incendios no ha estado confinada solamente en Brasil, país que tiene dos tercios de la selva amazónica. Bolivia, Guyana y Suriname también han visto un fuerte incremento en los incendios forestales.

Cualquier solución debe comenzar con el reconocimiento de que el Amazonas incluye territorios soberanos de ocho naciones de Suramérica. Las intenciones bien intencionadas pero torpes de ejercer presión sobre Brasil corren el riesgo de volverse en contra de los esfuerzos de preservación y aumentar el apoyo interno de Bolsonaro en Brasil. La decisión de Francia el mes pasado de discutir el tema en la cumbre del G7, sin invitar a las naciones suramericanas fue desafortunada. Lleví a acusaciones de neo-colonialismo, alimentadas por el uso de la frase del presidente de Francia Emmanuel Macron, «Nuestra casa se está quemando».

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Irónicamente Brasil ya ha mostrado que puede reducir la deforestación. Lo hizo desde el 2004 hasta el 2012, mayormente en el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El país tiene una de las más estrictas leyes medioambientales y su industria agrícola ha tenido importantes ganancias en productividad, lo cual lleva – obviamente- a la necesidad de más tierra.

Bolsonaro parece tener poco interés en la preservación ambiental por sí misma. Pero los empresarios de Brasil deben recordarle a Bolsonaro sobre los costos financieros para los consumidores y de los boycotts de los inversores, una situación que debería llevar al presidente Brasileño a reconsiderar sus posiciones. Francia e Irlanda amenazan con no ratificar un tratado comercial negociado entre la Unión Europea y Sudamérica. Esto es algo que Bolsonaro debería tener en mente.

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Las zanahorias, y no solo el garrote, también son requeridas. El Fondo Amazónico, un proyecto dirigido por Brasil, y que recolecta dinero de las naciones desarrolladas para pagar por los proyectos de conservación, ofrecían incentivos útiles hasta que Bolsonaro se entrometió en su administración y sus principales financiadores, Noruega y Alemania, países que suspendieron los pagos. Más iniciativas como estas son necesarias. Sobre todo, los consumidores y los inversores deberían ser más conscientes de las consecuencias medioambientales de sus decisiones y deberían actuar de acuerdo a ello. Cerca de un quinto de la selva amazónica ya se ha perdido. El tiempo está corriendo en nuestra contra para salvar lo que queda.

Con información del Financial Times.

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