Desarrollo social

Por qué el mundo necesita un Fondo Global para la crisis climática

Huracán Dorian
Devastación que quedó en Bahamas tras el Huracán Dorian

La civilización humana está enfrentando una crisis de una magnitud que no se había visto desde la segunda guerra mundial. Nosotros debemos finalmente responder en una forma que enfrente este inmenso desafío.

La crisis climática es una creación humana, particularmente una que han ayudado a crear los países más ricos que se han desarrollado sobre la base de la explotación de recursos naturales sin fin. La víctimas de esta crisis se están apilando – algunas naciones y comunidades enteras, en particular las islas naciones, son las más expuestas y las menos preparadas: Después del Huracán Dorian, todos hemos visto la devastación en las Bahamas.

Las viejas instituciones no responden a las necesidades de hoy

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los países se unieron y crearon instituciones que se dirigían a perseguir la justicia y la paz. Los acuerdos de la Conferencia de Bretton Woods dieron inicio al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y en octubre de 1945 se daría inicio a la Organización de Naciones Unidas para crear un mundo nuevo de cooperación multilateral. En los primeros días, las naciones nuevas y descolonizadas intentaron dar forma a estas instituciones para que apoyaran sus agendas, pero en cada caso que estos países daban sus esfuerzos se veían obstaculizados. Al ceder el poder a las naciones dominantes y a las corporaciones multinacionales, el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional y las Naciones Unidas finalmente han contribuido a exacerbar la crisis climática.

En la medida en que nuestra emergencia climática va tomando fuerza con la inestabilidad económica y ecológica que inflige, necesitamos de nuevo considerar una nueva conferencia de instituciones multilaterales que pueda enfrentar esta amenaza. Los efectos del cambio climático serán más extremos para la gente que vive el sur. Esto requiere inversiones masivas, de al menos 2.5 trillones de dólares por año, de acuerdo a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, unas inversiones que los actuales acuerdos institucionales parecen incapaces de proporcionar.

Para esto, necesitaríamos asegurar la estabilidad financiera y un mecanismo para la transferencia de recursos por medio de un fondo internacional para la estabilización climático, una especie de Fondo Monetario Internacional para la crisis climática. Esta nueva institución podría implementar nuevos acuerdos fiscales para regular los mercados financieros globales y las élites corporativas, especialmente aquellas que han convertido las islas más vulnerables y a algunos países, en desarrollo en paraísos fiscales o que han explotado sus recursos naturales. Estas naciones ahora requieren de los medios para transformar su futuro. Esta institución buscaría coordinar las políticas impositivas y desembolsar los recursos generados por impuestos para proveer apoyo directo a las naciones más expuestas a la crisis climática: animando la diversificación productiva y enfrentando la desigualdad transversal y el desplazamiento forzado por el cambio climático.

Necesidad de un oferente de primer recurso

Segundo, existe la necesidad de un mecanismo internacional permanente que entregue fondos inmediatos, suministros, apoyo y alivio después de los mayores eventos naturales y climáticos. Esta agencia podría ser el “oferente de primer recurso” y sus ejecutivos y funcionarios podrían ser de las naciones del sur de manera que puedan ofrecer una amplia infraestructura de apoyo. Podría enfocarse en las reparaciones y en la redistribución de la riqueza de las naciones más ricas del norte del mundo hacia el sur, reflejando quien es responsable por la crisis y quienes son los más afectados por los desastres ambientales inducidos por el cambio en el clima.

Mientras que los progresistas en Estados Unidos y el Reino Unido han mostrado algo de coraje al proponer políticas genuinas para enfrentar la emergencia climática, estos movimientos parecen ser aislados porque ellos han sido ampliamente descartados por las naciones en vías de desarrollo. En una reciente conferencia del Partido laborista del Reino Unido, el ministro de oposición John McDonnell propuso una forma de reparaciones por el pasado colonial británico, dándole a los ciudadanos del sur global “acceso gratis o barato a las tecnologías limpias desarrolladas como parte de nuestra revolución industrial verde” – Pero esta idea es de alguna forma reductiva y el desafío es más complejo. Las naciones en desarrollo ciertamente necesitan acceso a tecnologías que no las pongan en riesgo de endeudamiento.

Cambio de las reglas internacionales de juego

Sin embargo, es esencial cambiar las reglas internacionales del juego, las cuales están actualmente inclinadas a favor de las corporaciones multinacionales y continúan priorizando las ideas que se originaron en el norte desarrollado. También es necesario corregir el flujo de dinero ilícito, abolir los acuerdos dañinos de libre comercio y revisar el daño medioambiental actual- lo cual requiere una coordinación a un nivel global para expandir los poderes de las naciones excolonias y empobrecidas, de manera que puedan determinar su propio futuro y moverse hacia adelante con una justicia reparadora.

Los grupos indígenas, los activistas de las comunidades y los movimientos medioambientales alrededor del mundo han sido conocidos por abogar largamente por aquello que finalmente está siendo aceptado por el resto del mundo – pero ellos son todavía ignorados por los países más responsables por la emergencia climática. Por ejemplo, los mayores interlocutores del Green New Deal hacen poca mención de estos grupos en el mundo en desarrollo y que están al frente del quiebre ecológico. Los movimientos en el norte global y en el sur necesitan compartir recursos, identificar e incubar nuevas ideas osadas, y coordinar acciones bajo principios de respeto mutuo y equidad.

Iniciativas radicales como Un Internacional Green New Deal o una organización para la cooperación para la emergencia medioambiental no funcionarán a través de las instituciones actualmente existentes para asegurar una economía global productiva, una sociedad justa, una comunidad de cuidado mutuo políticas participativas y un futuro sostenible.

Durante el año pasado hemos visto un creciente movimiento de personas que se han tomado las calles alrededor del mundo para demandar acción de sus gobiernos frente a la crisis climática. Pero para que estas acciones tengan un impacto serio, debemos transformar nuestras instituciones internacionales, crear unas nuevas- para poder cumplir con las exigencias que demanda el hecho de hacerle frente al problema climático.

Para hacer esto debemos reconocer que la crisis climática está teniendo un violento y desproporcionado efecto en el sur global- y que los puntos principales para comenzar a enfrentar a transformar lo que está pasando pasan por cambia radicalmente lo que como sociedad estamos haciendo. Debemos construir un movimiento de justicia climática Inter seccional y de ética global que pueda reunir a gente de diversos lugares y de diferentes trasfondos culturales para entregar un nuevo mundo verde.

Economía sobre el clima. No puede ser ese el dilema

En este contexto, la preocupación global por la actual desaceleración económica carece de sentido si lo que se quiere hacer es recuperar una economía que se alimenta de los combustibles fósiles. Durante los períodos de estancamiento podemos observar cómo el precio del petróleo baja, pero no sucede lo mismo cuando hay bonanzas económicas. En este sentido Este Nuevo Fondo Monetario Internacional debe proveer los recursos necesarios para la masificación de energías alternativas, de manera que las bonanzas económicas se correspondan con una mayor demanda de energías limpias en lugar de una mayor demanda por petróleo, gas y carbón.

Así mismo es urgente que se desmantelen grupos de interés como el cartel de la OPEP, que juega a retrasar la transición energética con el fin de poder mantener las rentabilidades de sus naciones. Para lograr esto hace falta un gran esfuerzo colectivo a gran escala internacional en el que se deje de comprar petróleo a las naciones que no estén invirtiendo de manera suficiente en la transición. Esto demanda un gran proceso de educación colectiva y de movilización a gran escala.

El presente artículo ha sido posible con información del diario The Guardian

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