Desarrollo social

Paz, inversión y economía en Colombia

Iván Márquez y su nueva banda

Recientemente se hizo noticia en Colombia un vídeo en el que uno de los guerrilleros de las Farc que participó en las negociaciones de la Habana, Cuba, Iván Márquez, se mostraba con un séquito de 20 disidentes de las extintas Farc, anunciando la conformación de una nueva guerrilla y el inicio de «Una Nueva Marquetalia».

En un sendo discurso de casi una hora, Márquez hizo referencia a las constantes «traiciones del Estado y el Establecimiento» a la paz del país, y de cómo la clase política ha intentado conformar un gobierno altamente excluyente, en el cual el servilismo y la diferencias de clase son una constante en la historia nacional.

Tal vez no le falte razón a Iván Márquez en muchos de sus argumentos contra el establecimiento político, la oligarquía y la clase de poder que toma por su cuenta los beneficios de una economía incipiente, dejándole unas migajas al resto de la población. Sin embargo, de lo que sí podemos estar seguros es que su apuesta por la retoma del conflicto armado para presionar cambios políticos es en sí mismo un error, tanto para él y los suyos, que probablemente terminen muertos en combate, como para la gran mayoría de colombianos que seguirán sufriendo las consecuencias políticas y económicas de su decisión egoísta y megalómana de continuar un conflicto que hunde sus raíces en ideologías del siglo pasado – que por cierto ya están bastante superadas en los países donde alguna vez tuvieron una gran acogida.

Lea también: La economía China se desacelera en medio de la guerra comercial

La Unión Soviética se desintegró y China liberalizó su economía, convirtiéndose en una economía mixta de mercado. Estos eran los dos grandes referentes del socialismo del siglo XX, pero Iván Márquez parece seguir apostándole a una «transformación social» que aún no logra explicar bien y que los colombianos siguen sin entender.

Para muchos colombianos. Hoy, la economía de mercado representa una gran oportunidad para la superación de las desigualdades económicas. Tanto es así que una amplia mayoría votó por Iván Márquez en las elecciones de 2018, avalando las políticas de apertura a la inversión extranjera, la seguridad jurídica y el libre comercio. Si bien es cierto que las políticas sociales y militares del gobierno pueden ser discutibles, así como su política fiscal regresiva que grava con mayores impuestos a los más pobres, lo cierto es que gran parte de la estructura del sistema económico colombiano ha tenido éxito al proveer a los colombianos con la esperanza de poder vivir en un país mejor.

Una gran parte de la sociedad civil vio con entusiasmo la reincorporación de muchos de los miembros de las Farc a la sociedad civil en el proceso de paz liderado por Juan Manuel Santos, de la misma manera que lamenta el hecho de que no todos los guerrilleros hayan apostado por la paz y que el gobierno esté incumpliendo los compromisos del Estado en materia de paz. Aún así, la discusión política y las formas propias de la democracia tienen más apoyo que la lucha armada, ya que los colombianos han entendido muy bien que la paz es la piedra angular de un auténtico desarrollo económico en el largo plazo.

Como ejemplo tenemos a la Unión Europea salida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, continente que vio un desarrollo sin precedente durante las décadas de siguieron a la guerra y que logró, gracias al comercio, una mayor integración política y económica.

Lea también: Salvar la Amazonía debe ser un propósito global

El sector privado de Colombia también ha entendido la necesidad de apostarle a la paz del país, como semilla base del desarrollo y el crecimiento en el largo plazo. Aunque claro está, la economía no debería ser la única razón para apostarle a la paz, los valores y la dignidad humana deben ser la razón principal para salvaguardar el legado de una paz, que por ahora es frágil. Aún así uno debe preguntarse ¿Qué manera mejor de promover la paz, la dignidad humana, los valores y la democracia que consolidando una auténtica paz en el territorio nacional?

En una reciente columna en el diario La República, María Claudia Lacouture, ex-ministra de Comercio, Industria y turismo, escribió lo siguiente: «Desde el sector privado tenemos la enorme responsabilidad de contribuir a que la implementación del proceso de paz llegue a feliz término, con iniciativas concretas y propuestas innovadoras, para que los miles de desmovilizados no se sientan tentados a regresar al monte y las poblaciones vulnerables y castigadas por el conflicto no teman ser de nuevo prisioneros entre dos fuegos (…)

Muy importante mantener las tareas de incorporación a la vida civil de los desmovilizados y ofrecer oportunidades productivas, como en agroindustria y turismo. El turismo, precisamente, se ha convertido en un vehículo muy eficiente para incorporar ex guerrilleros al sistema legal «.

Si bien estas concepciones son bien intencionadas y loables, es de recalcar que no basta con ofrecerles en empleos en el sector del turismo a los desmovilizados para que no vuelvan a las armas, puesto que hay una gran masa de hombres y mujeres en las selvas, y hoy sobre todo migrantes de Venezuela, que están esperando su oportunidad para sacar algo de provecho de la selva, la guerra y los cultivos ilícitos, ya que la sociedad no les está ofreciendo nada más.

La tasa oficial de desempleo para el mes de julio de 2019 fue de 10.7%, mientras que las personas en actividades económicas informales alcanzan un 46.8% de la fuerza laboral del país (Cifras del DANE, Departamento Nacional de Estadística). En este contexto, muchas personas no encuentran más opciones de «salida» económica que recurrir a las bandas criminales, tanto en las áreas rurales como urbanas.

La Revista Razón Pública en un informe de enero de 2019 señala que: «Los resultados de las estadísticas de criminalidad de 2018 muestran que, tras la entrada en vigor de los acuerdos de paz con las FARC, el país experimentó una mejoría significativa en materia de seguridad, sin embargo, esa mejoría comienza a deteriorarse, pues aunque en algunas ciudades se mantiene la tendencia a la baja de homicidios, estos aumentaron para el país en conjunto. Dicho de otro modo, tras un breve descenso en la tasa de homicidios hay un retroceso en la seguridad ciudadana».

En este escenario, vemos como la retirada de las Farc ha dado espacio para que otros actores delincuenciales entren en escena – No solamente las disidencias de Iván Márquez. Estamos hablando de bandas criminales sin ninguna ideología, grupos paramilitares y narcotraficantes que asumen el control territorial de amplias zonas del país.

Asumiendo las cifras con seriedad es de notar que vivimos en un país un poco más violento, aunque esa violencia no reciba la misma atención que antes. ¿Cuál es el motor de toda esta violencia? La hipótesis editorial de Muy Financiero es que esta violencia se debe a las oportunidades económicas que ofrecen las economías ilícitas y las escasas oportunidades de desarrollo y crecimiento real en las economías legales. Se trata fundamentalmente de un problema económico, un asunto de incentivos para las poblaciones más vulnerables del país, para quienes resulta más rentable raspar «coca» al servicio de los señores de la guerra que ingresar a proyectos productivos financiados por el gobierno.

Colombia tiene un PIB per cápita nominal de 6600 dólares. Esto es un simple promedio, ya que si todos los colombianos ganaran eso, querría decir que cada colombiano vive con 18 dólares mensuales- muy por encima de la línea de pobreza. Lo cierto es que muchas personas ganan mucho menos que eso, incluso menos que 2 dólares diarios. Por lo tanto también estamos hablando de que uno de los graves problemas de Colombia en materia de desarrollo, y que permite la demanda de mano de obra para las economías ilícitas y las bandas de la guerra, es la gran desigualdad económica que afronta el país.

A nivel de desigualdad, Colombia sigue siendo un país muy desigual con un coeficiente gini de 0.51, donde 0 es igualdad absoluta y 1 desigualdad total. Así mismo tiene unos niveles de pobreza bastante altos, sobre todo en las zonas rurales y en las comunidades indígenas. Para 2016 el índice de pobreza en el país era del 29.8%, siendo el tercer país más pobre y más desigual del Continente. Fuente: El Tiempo.

De manera que los grandes desafíos de Colombia son lograr una mayor inclusión social y económica que desincentive a los colombianos más pobres a unirse, bien sea bajo la forma de vasallos o esclavos, a los grupos criminales que se lucran de las drogas ilícitas, la minería ilegal y del despojo de tierras. Así por tanto es imperativo cambiar la forma en la que se lucha contra el narcotráfico para quitarle a estas bandas su principal fuente de ingresos: las ganancias por exportación de drogas. Como dijera el economista de Chicago Milton Friedman: “Estoy a favor de legalizar las drogas. Según mi sistema de valores, si la mayoría de la gente quiere matarse a sí mismos, tienen todo el derecho de hacerlo. La mayoría de los problemas que vienen de las drogas son porque éstas son ilegales.”

“Estoy a favor de legalizar las drogas. Según mi sistema de valores, si la mayoría de la gente quiere matarse a sí mismos, tienen todo el derecho de hacerlo. La mayoría de los problemas que vienen de las drogas son porque éstas son ilegales.” Milton Friedman, economista estadounidense.

Por otra parte es vital crear un sistema de incentivos para reducir la desigualdad del país. Esto se logra transformando la política fiscal para que sea más progresiva y afecte lo menos posible a las personas más pobres, dándoles las oportunidades necesarias para crear emprendimientos, gastar más y fortalecer la demanda agregada del país.

La exministra de Comercio María Claudia Lacouture señala como hecho positivo (de participación del sector privado en la lucha contra el conflicto) un proyecto de 5000 millones de dólares en las jurisdicciones de Corinto y Toribió, liderado por la USAID, acompañado por la Universidad Javeriana y Asocaña, así como de una docena de empresas con intereses en la región del Cauca. Dichos proyectos son necesarios y valiosos. Sin embargo hace falta mucho más para fortalecer los esfuerzos de paz y en esta iniciativa es vital la participación del sector privado; primero: con mejores salarios, inversión en ciencia y tecnología para desarrollar productos de valor agregado que estimulen el PIB y las economías legales. Segundo, con una acción decidida por parte del gobierno para desincentivar las economías ilegales, y en esto no debe estar solo, la participación de Estados Unidos- con la legalización de las drogas – es algo absolutamente necesario para la superación del conflicto y el atractivo de las economías ilícitas.

Con estos dos pilares: Reducción de las desigualdad y derrumbe de las economías ilícitas, las personas en condiciones de pobreza estarán empoderadas para salir de la trampa de la pobreza y no caer en las filas de grupos armados ilegales, y con la consolidación de la paz, finalmente podremos ver a Colombia crecer su economía a tasas mucho más altas, con la capacidad suficiente para brindar un desarrollo integral a su población.

Con información de La República.

Click to comment

¿Quieres dar tu opinión sobre este artículo?

Síguenos en Redes Sociales

Copyright © 2019 | Muy Financiero. Diseñado por MVP Themes.

To Top