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El mercantilismo

El mercantilismo fue un sistema económico de comercio que se extendió desde el siglo 16 hasta el siglo 18.

El mercantilismo estaba basado en la idea de que la riqueza del mundo era estática, y consecuentemente, muchas naciones europeas intentaron acumular el máximo de riqueza posible, aumentando sus exportaciones y limitando sus exportaciones.

Historia del mercantilismo

Inicialmente el mercantilismo se popularizó en Europa en los años 1500, con la idea de la riqueza y el poder de una nación estaban mejor defendidos al incrementar las exportaciones, en un esfuerzo por retener metales preciosos como el oro y la plata.

El mercantilismo reemplazó al sistema económico feudal en Europa Occidental. En esta época, Inglaterra era el epicentro del Imperio Británico pero tenía relativamente poco recursos naturales.

Para acrecentar su riqueza, Inglaterra introdujo políticas fiscales que desanimaban a los colonialistas de comprar los productos extranjeros, mientras que se creaban incentivos para que solamente se compraran los productos británicos. Por ejemplo, la ley del Azúcar de 1764 incrementaba los impuestos en azúcar refinado y melazas importadas desde las colonias, en un esfuerzo por dar a los cultivadores británicos de azúcar de las Indias Orientales el monopolio en el mercado colonial.

Igualmente, el Acta de navegación de 1651 prohibió a los barcos comerciar a lo largo de la costa británica y requería que los exportadores coloniales primero pasarán por medio de un puesto de control británico antes de ir a redistribuir a Europa. Programas como estos resultaron favorables a la balanza comercial de Gran Bretaña, mientras que incrementaban su riqueza.

Bajo el mercantilismo, las naciones frecuentemente se comprometían militarmente para asegurar que sus mercados y fuentes de suministros estuvieran protegidos, apoyando la idea de que la riqueza de una nación dependía altamente de suministro de capital. Los mercantilistas también creían que la salud económica de una nación podía ser evaluada por los niveles de propiedad de metales preciosos, como el oro y la plata, los cuales tendían a incrementar las nuevas construcciones de vivienda, la producción agrícola, y una fuerte flotilla mercante para proveer a los mercados adicionales con bienes y materias primas.

Jean-Baptiste Colbert: el mercantilista ideal

Se puede argumentar que el proponente más influyente del mercantilismo fue el Contralor General de Finanzas Francés, Jean-Babtiste Colbert (1619-1683), quien estudió las teorías de comercio internacional y estaba posicionado excepcionalmente para poner en práctica estas ideas. Como un devoto monarquista, Colbert buscó una estrategia para proteger a la corona francesa de la clase mercantil holandesa.

Colbert también incrementó el tamaño de la marina francesa con la creencia de que el control de las rutas de comercio por parte de Francia incrementaría su riqueza. Aunque sus prácticas no fueron exitosas al final, sus ideas fueron altamente populares hasta que estas fueron ensombrecidas por las teorías económicas del libre mercado.

Mercantilismo colonial británico

Las colonias británicas estuvieron sujetas a los efectos directos e indirectos de las prácticas mercantilistas. Aquí hay algunos ejemplos:

Comercio y producción controlada: El mercantilismo llevó a la adopción de amplias restricciones comerciales que golpearon el crecimiento y la libertad de los negocios de las colonias.

Expansión del comercio de esclavos: El comercio se vio triangulado entre el Imperio Británico, sus colonias y los mercados internacionales. impulsados por el desarrollo del comercio de esclavos en muchas colonias, incluyendo América. Las colonias proveían ron, algodón y otros productos demandados por los imperialistas en África. En cambio, los esclavos eran enviados a América o a las Indias Occidentales y comerciados por azúcar y melazas.

Inflación e impuestos: El gobierno británico demandaba que el comercio fuera manejado usando lingotes de oro y plata, siempre buscando un balance positivo de comercio. Las colonias frecuentemente tenían insuficientes lingotes circulando en sus mercados, de manera que ellas emitían papel moneda. El mal manejo de la impresión de papel moneda llevó a períodos inflacionarios.

Adicionalmente, dado que Gran Bretaña estaba constantemente en estado de guerra, altos impuestos eran necesarios para impulsar su ejército y su marina. La combinación de impuestos e inflación causó un gran descontento en las colonias.

El mercantilismo en la revolución americana

Los defensores del mercantilismo argumentaban que este sistema económico creaba economías más fuertes al emparejar las preocupaciones de las colonias con la de los países colonizadores.

En teoría, cuando los colonos crean sus propios productos y obtienen otros en el comercio con un nación de origen, ellos permanecen independientes de las hostilidades de otras naciones. Mientras tanto, las naciones fundadoras se beneficiaban de recibir grandes cantidades de materias primeras de los colonos, necesarias para el sector manufacturero.

Los críticos de esta filosofía economía creían que las restricciones al comercio internacional incrementaban los gastos, porque todas las importaciones, sin consideración de su origen, tenían que ser embarcadas por barcos británicos. Esto incrementaba radicalmente los costos para los colonos, quienes creían que las desventajas del sistema superaban los beneficios de asociarse con Gran Bretaña.

La Revuelta del Partido del Té de Boston

El mercantilismo en las colonias del Imperio Británico
El mercantilismo en las colonias del Imperio Británico

Después de una costosa guerra con Francia, el Imperio Británico, sediento de restablecer sus ingresos, incrementó sus impuestos en las colonias, las cuales se rebelaron boicoteando los productos británicos, consecuentemente restringieron las importaciones por un tercio.

Esto fue seguido por el Partido del Té de Boston en 1773, donde los colonos de Boston se disfrazaron como indios, atacaron tres barcos británicos, y lanzaron los contenidos de varias cajas de té en el puerto, para protestar por los impuestos británicos al té y el monopolio concedido a la Compañía de las Indias Orientales.

Para reforzar el control mercantilista, Gran Bretaña endureció sus políticas frente a las colonias, lo que finalmente resultó en la Guerra de Independencia.

Mercaderes y mercantilismo

Al principio del siglo 16, los teóricos financieros europeos entendieron la importancia de la clase mercante en la generación de riqueza. Ciudades y países con bienes para vender progresaron al final de la era medieval.

Consecuentemente, muchos creían que el estado debía franquiciar sus propios sistema del mercado para crear monopolios exclusivos y controlados, y cárteles, donde el gobierno usara regulaciones, subsidios, y (si fuese necesario) la fuerza militar para proteger estas corporaciones monopolísticas de la competencia extranjera. Los ciudadanos podían invertir dinero en las corporaciones mercantilistas, en intercambio por propiedades y responsabilidad limitada en los barcos reales. Estos ciudadanos fueron los primeros en poseer «acciones» de las ganancias de la compañía, con las cuales , en esencia, se comerciaron los primeros valores.

El mercantilismo es considerado por algunos estudiosos como un precursor del capitalismo, ya que racionalizó la actividad económica por medio de registros de pérdidas y ganancias.

Las más famosas y poderosas corporaciones mercantilistas fueron las compañías Británica y Holandesa de las Indias Orientales. Por más de 250 años, mantuvo el derecho exclusivo a comerciar entre India, Gran Bretaña y China con sus rutas de comercio protegidas por la marina real.

¿Qué países practicaron el mercantilismo?

El mercantilismo en las colonias del Imperio Británico
El mercantilismo fue la práctica comercial en las colonias del Imperio Británico

Los principales países que emplearon el mercantilismo fueron naciones de Europa occidental: Francia, España, Portugal, Italia y Gran Bretaña, así como Alemania y los Países Bajos. Dado que las colonias se consideraban existentes para el beneficio de sus países de origen, las partes colonizadas de América del Norte, América del Sur y África estaban involucradas involuntariamente con el mercantilismo y se les exigía vender materias primas solo a sus colonizadores y comprar productos terminados solo de sus Patrias.

¿Cuáles fueron los efectos de esta práctica?

El mercantilismo llevó a la creación de empresas comerciales monopolísticas, como la East India Company y la French East India Company.

Las restricciones sobre dónde podrían comprarse los productos terminados condujeron en muchos casos a altos y onerosos precios para esos productos.

La rivalidad comercial tendió a dar lugar también a la rivalidad militar, especialmente durante las guerras angloholandesas.

Los colonos que buscaban sortear las restricciones comerciales impuestas por el mercantilismo recurrieron al contrabando generalizado.

Las limitaciones del mercantilismo fueron una causa de fricción entre Gran Bretaña y sus colonias americanas y posiblemente se encontraron entre los elementos que condujeron a la Revolución Americana.

Las Guerras y la economía en la visión mercantilista del mundo

El mercantilismo fue la versión económica de la guerra en la que se usaba la economía como una herramienta para derrotar a los enemigos por otros medios con el apoyo del aparato estatal y se adaptaba bien a una era de guerra militar.

Dado que el nivel del comercio mundial se consideraba fijo, se deducía que la única forma de aumentar el comercio de una nación era tomarlo de otra.

Varias guerras, especialmente las guerras angloholandesas y las guerras francoholandesas, pueden vincularse directamente con las teorías mercantilistas.

La mayoría de las guerras tuvieron otras causas, pero reforzaron el mercantilismo al definir claramente al enemigo y justificaron el daño a la economía del enemigo.

El mercantilismo alimentó el imperialismo en su tiempo, ya que muchas naciones realizaron un esfuerzo significativo para conquistar nuevas colonias que serían fuentes de oro (como en México) o azúcar (como en las Indias Occidentales), además de convertirse en mercados exclusivos.

El poder europeo se extendió por todo el mundo, a menudo bajo los auspicios de compañías con monopolios garantizados por el gobierno en ciertas regiones geográficas definidas, como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales o la Compañía Británica de la Bahía de Hudson (que opera en el actual Canadá).

Con el establecimiento de colonias en el extranjero por las potencias europeas a principios del siglo XVII, la teoría mercantil adquirió un significado nuevo y más amplio, en el cual su objetivo e ideal paso a que las naciones fueran potencias imperiales.

El mercantilismo como arma ha seguido siendo utilizado por las naciones durante el siglo XXI a través de aranceles modernos, ya que coloca a las economías más pequeñas en condiciones de cumplir con los objetivos de las economías más grandes o arriesgarse a la ruina económica debido a un desequilibrio en el comercio.

Las guerras comerciales a menudo dependen de tales aranceles y restricciones que perjudican a la economía opuesta.

Mercantilismo vs imperialismo

Donde los mercantilistas del gobierno manipulan la economía de la nación para crear un estado de comercio favorable, el imperialismo usa la combinación de la fuerza militar y la inmigración masiva para crear rutas de mercado en las áreas menos desarrolladas, en campañas para que los habitantes siguieran las leyes de las naciones dominantes. Uno de los de los más poderosos ejemplos de esta relación entre mercantilismo e imperialismo es el establecimiento de las colonias británicas en América.

El fin de la era mercantilista

Adam Smith y David Hume fueron los padres fundadores del pensamiento anti-mercantilista.

Varios estudiosos encontraron fallas importantes con el mercantilismo mucho antes de que Smith desarrollara una ideología que pudiera reemplazarlo por completo.

Críticos como Hume, Dudley North y John Locke socavaron gran parte del mercantilismo y ayudaron a que este perdiera constantemente el favor político durante el siglo XVIII.

En 1690, Locke argumentó que los precios varían en proporción a la cantidad de dinero. El Segundo Tratado de Locke también apunta hacia el corazón de la crítica anti-mercantilista: que la riqueza del mundo no es fija, sino que es creada por el trabajo humano (representado embrionariamente por la teoría del valor laboral de Locke).

Los mercantilistas no entendieron las nociones de ventaja absoluta y ventaja comparativa (aunque esta idea fue desarrollada por completo en 1817 por David Ricardo) y los beneficios del comercio.

Por ejemplo, imaginemospor un momento que Portugal era un productor de vino más eficiente que Inglaterra, sin embargo, en Inglaterra, la tela podría producirse de manera más eficiente que en Portugal. Por lo tanto, si Portugal se especializara en vino e Inglaterra en tela, ambos estados terminarían mejor si comerciaran. Este es un ejemplo de los beneficios recíprocos del comercio (ya sea debido a una ventaja comparativa o absoluta).

En la teoría económica moderna, el comercio no es un juego de competencia despiadada de suma cero, porque ambas partes pueden beneficiarse de él.

Gran parte de La Riqueza de Las Naciones de Adam Smith es un ataque al mercantilismo.

Hume notó la imposibilidad del objetivo de los mercantilistas de mantener una balanza comercial positiva constante.

A medida que el lingote fluye hacia un país, la oferta aumentará y el valor del lingote en ese estado disminuirá constantemente en relación con otros bienes. Por el contrario, en el estado que exporta lingotes, su valor aumentaría lentamente. Eventualmente, ya no sería rentable exportar bienes del país de alto precio al país de bajo precio, y la balanza comercial se revertiría. Los mercantilistas fundamentalmente entendieron mal esto, argumentando durante mucho tiempo que un aumento en la oferta monetaria simplemente significaba que todos se enriquecían.

La importancia otorgada al lingote también era un objetivo central, incluso si muchos mercantilistas habían comenzado a desestimar la importancia del oro y la plata.

Adam Smith señaló que en el núcleo del sistema mercantil se encontraba la «locura popular de confundir riqueza con dinero«, en creer que el lingote era igual que cualquier otra mercancía, y que no había razón para darle un tratamiento especial.

Refutación del mercantilismo. Los fisiócratas y los liberales clásicos

La primera escuela en rechazar completamente el mercantilismo fue la de los fisiócratas, quienes desarrollaron sus teorías en Francia.

Sus teorías también tuvieron varios problemas importantes, y el reemplazo del mercantilismo no llegó hasta que Adam Smith publicó La riqueza de las naciones en 1776. Este libro describe los conceptos básicos de lo que hoy se conoce como economía clásica.

Smith pasó una parte considerable del libro refutando los argumentos de los mercantilistas, aunque a menudo estas son versiones simplificadas o exageradas del pensamiento mercantilista.

Causas del fin del mercantilismo

Los académicos también están divididos sobre la causa del fin del mercantilismo.

Las teorías se pueden dividir en varios grupos explicativos:

Aquellos que creen que la teoría fue simplemente un error sostienen que su reemplazo era inevitable tan pronto como se revelaran las ideas más precisas de Smith.

Aquellos que sienten que el mercantilismo equivalía a una retención de búsqueda de rentas que terminó solo cuando ocurrieron grandes cambios de poder.

Fin del mercantilismo en Gran Bretaña

En Gran Bretaña, el mercantilismo se desvaneció cuando el Parlamento ganó el poder del monarca para otorgar monopolios.

Si bien los capitalistas ricos que controlaban la Cámara de los Comunes se beneficiaron de estos monopolios, al Parlamento le resultó difícil implementarlos debido al alto costo de la toma de decisiones grupales.

Las regulaciones mercantilistas fueron eliminadas constantemente durante el siglo XVIII en Gran Bretaña, y durante el siglo XIX, el gobierno británico adoptó plenamente el libre comercio y la economía del laissez-faire de Smith.

Fin de la práctica en Europa

En el continente europeo, el proceso fue algo diferente. En Francia, el control económico permaneció en manos de la familia real, y el mercantilismo continuó hasta la Revolución Francesa. En Alemania, el mercantilismo siguió siendo una ideología importante en los siglos XIX y principios del XX, cuando la escuela histórica de economía era primordial.

Libre comercio vs mercantilismo

El libre comercio provee varias ventajas sobre el mercantilismo tanto como para individuos, negocios, y naciones. En un sistema de libre comercio, los individuos se benefician de una capacidad más amplia para elegir bienes y servicios a un precio permisible, mientras que el mercantilismo restringe las importaciones y reduce las elecciones posibles para los consumidores. Con menos importaciones hay menos competencia y mayores precios.

Mientras que las naciones mercantilistas estuvieron casi siempre comprometidas en guerras, peleando por recursos, las naciones que operan con el libre comercio pueden prosperar por comprometerse mutuamente en relaciones beneficiosas de comercio.

En su libro principal «La Riqueza de las Naciones» de Adam Smith, el economista argumentó que el libre comercio permitía a los negocios especializarse en la producción de bienes que manufacturaban de manera más eficiente, llevando a una alta productividad y a un mayor desarrollo económico.

Hoy el mercantilismo es considerado como algo pasado de moda. Sin embargo, las barreras al comercio todavía existen y protegen a ciertas industrias. Por ejemplo, luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos adoptó medidas proteccionistas de comercio hacia Japón, y negoció restricciones voluntarias a las exportaciones de Japón, las cuales limitaban sensiblemente las exportaciones de este país a Estados Unidos.

En la actualidad se habla de un regreso al mercantilismo en medio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Está por verse si esto será una política a largo plazo o si habrá cambios una vez que el gobierno de Estados Unidos cambie de Partido.

Con información de Investopedia.

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