Análisis

Las riquezas de Álvaro Uribe y la injusticia tributaria en Colombia

Frecuentemente los economistas liberales suelen enarbolar una máxima que, como mantra que se repite mil veces, tiende a quedarse en la mente de las personas y a convertirse en una verdad aceptada sin que se le presenten mayores cuestionamientos. Esta máxima es: “Lo que necesitamos en el país es bajarle los impuestos a los ricos para que más ricos vengan a Colombia a invertir sus fortunas, a generar empleo y a generar crecimiento”.

El argumento parece bastante lógico y cualquiera que lo oiga a por primera vez, podría aceptarlo sin mayores complicaciones. Sin embargo, la realidad es que no son los ricos los que generan crecimiento y empleo, esta es una labor que hacen las empresas. Y de hecho, más que las grandes empresas, los grandes generadores de empleo y crecimiento a nivel nacional son las pequeñas y medianas empresas. Así que, cuando se tienen en cuenta estas consideraciones adicionales, no tiene mucho sentido bajarle los impuestos a los ricos para que “traigan sus fortunas y las inviertan”, un argumento que escuchamos en muchos sectores proselitistas de la derecha liberal que razonan con bastante simpleza. Lo que sí tiene sentido es que le subamos los impuestos a las grandes fortunas para que el estado pueda invertir en infraestructura, educación, ciencia y tecnología, de manera que se cree un ecosistema lo suficientemente fuerte para que las pequeñas y medianas empresas puedan prosperar y generar empleo.

Este no es un razonamiento que me estoy inventando de buenas a primeras. El economista estadounidense Jeffrey Sachs ya lo había expuesto en “La era del desarrollo sostenible” y economistas como Paul Krugman y Joseph Stiglitz vienen argumentando desde hace un buen tiempo que el lento crecimiento de la economía estadounidense desde la década de los setenta se debe en gran parte a la desigualdad de ingresos después de impuestos, algo que se podría equilibrar si los individuos con grandes fortunas hicieran mayores contribuciones en impuestos a la sociedad como una forma de retribuir todo lo que la sociedad les ha permitido obtener. El mismo razonamiento podría ser válido para Colombia y para muchas economías de América Latina que se enfrentan a la desigualdad.

Frente al mito común de que las sociedades que reducen los impuestos a los ricos generan incentivos para que estos los reinviertan en la sociedad, la realidad tiene una evidencia abrumadora en contra. Generalmente, cuando se dan reducciones de impuestos a las grandes fortunas, lo que sucede no es que los ricos empiecen a reinvertir sus fortunas para acrecentar sus riquezas. Más bien, después de alcanzar determinado grado de bienestar, los ricos prefieren poner su dinero en un refugio seguro, de manera que no corran el riesgo de perderlo. Más recientemente oímos que el gobierno de Alemania había emitido bonos de deuda estatal con rendimientos negativos, pues resulta que los grandes inversores han preferido invertir en estos bonos, los cuales podrían presentarles unas pérdidas minúsculas al cabo de unos años, que invertirlos en activos volátiles como los de los mercados de valores o en empresas, en los cuales podrían obtener eventualmente pérdidas.

Un fenómeno que han estudiado recientemente los economistas es la denominada trampa de liquidez. Esta consiste en que cuando los bancos centrales realizan amplias emisiones monetarias, pero en donde el crecimiento económico es lento, los ricos prefieren ahorrar su dinero o invertirlo en activos de muy poco riesgo, lo cual conduce a un proceso de retroalimentación en el que las expectativas de crecimiento se mantienen a la baja, lo que de nuevo lleva a los empresarios e inversionistas que poseen grandes capitales a preferir no arriesgarse.

Es muy posible que los bajos impuestos por sí solos no sirvan como estímulo para que se empiecen a realizar inversiones para que se estimule el crecimiento y se genere un ciclo de mayor oferta y demanda. De manera que también es necesario que se genere un ambiente favorable al emprendimiento con la infraestructura necesaria, la seguridad jurídica y física, así como con una mayor demanda agregada.

¿Cómo se puede generar un ambiente favorable al crecimiento económico? No es tan sencillo como bajar impuestos. Ya en “Buena Economía para tiempos difíciles”, los economistas ganadores del Nobel de 2019, Duflo y Banerjee, señalaron que las simples bajadas de impuestos al comercio no eran suficientes para que las empresas decidieran aprovechar los beneficios fiscales con mayores inversiones en determinadas locaciones. Lo mismo puede ser aplicable al caso de las grandes fortunas en una economía nacional. El estado puede tener que recurrir a herramientas como la recolección de impuestos para la construcción de infraestructura, para la inversión en salud y educación, elementos sociales sin los cuales un crecimiento económico sostenido no es posible. Y en este orden de ideas, tiene sentido que los que más tienen, aporten más a las arcas del estado, pues esto ayuda a equilibrar la balanza de juego y hace que se puedan brindar las herramientas necesarias a los que se han quedado atrás para que empiecen a ser impulsores del crecimiento.

El gran problema de intentar implementar estas ideas es que quienes tienen grandes fortunas tienen también una gran influencia política, la cual usan para que no se les aumente los impuestos, y en consecuencia esto contribuye a una desigualdad que en muchos casos es exacerbada. Colombia es un gran ejemplo de esto. Según el economista colombiano Salomón Kalmanovitz, el índice Gini de desigualdad de la posesión de tierras en Colombia es de 0.91, uno de los puntajes más altos del mundo y que viene a significar que en Colombia existe una gran desigualdad cuando se trata de la posesión de tierras y su explotación.

Para el caso colombiano, bien vale la pena mirar cuánto es lo que declara en impuesto de la renta y patrimonio uno de los hombres más ricos e influyentes del país: El ex-presidente y ex-senador Álvaro Uribe. En su columna del 24 de febrero de 2021 en el diario El Espectador, Salomón Kalmanovitz nos cuenta que el patrimonio neto del ex-presidente colombiano está valorado en unos 150.000 millones de pesos a precio comercial, esto por cuenta de su finca del Ubérrimo que cuenta con cerca de con unas 1500 hectáreas.

Pero como sucede en Colombia, las propiedades generalmente son declaradas a las oficinas gubernamentales por un valor muy inferior a su precio de mercado. En este caso, el presidente Uribe declara que cada hectárea de su finca el Ubérrimo cuesta unos cinco millones de pesos aproximadamente. Eso sonaría a una buena noticia, pues cualquier persona con unos 5 millones de pesos en su cuenta bancaria podría comprarle una hectárea al ex-presidente Uribe.

Pero ¿Por qué nadie ha aprovechado esta ganga si es que la finca del Ubérrimo vale tan poco, según lo que está declarado oficialmente? Unas dos mil personas organizadas, perfectamente podrían comprarle su finca a Uribe. Lo cierto es que realmente cada hectárea de la finca no vale 5 millones de pesos como el mismo Uribe declara. El precio comercial de cada una de estas hectáreas, según el precio de las fincas y demás terrenos de lo que se puede ver en toda la zona de Montería es de aproximadamente unos 100 millones de pesos. Es decir, Uribe está pagando mucho menos de lo que debería por cuenta de patrimonio. Y ni que hablar del impuesto sobre la renta: Según Kalmanovitz, Uribe declaró ganancias de 1216 millones de pesos (no se especifica para que año). Si nos atenemos a que estos 1216 millones de pesos de renta son producidos por su finca del Ubérrimo, lo que tenemos es que es sumamente improductiva, generando mucho menos del 1% anual del valor de mercado de la misma finca. Esto fácilmente puede explicarse por el hecho de que en la finca, a pesar de su extensión, no hay grandes proyectos productivos, básicamente se trata de una finca ganadera. Si la misma finca estuviera dedicada a proyectos agroindustriales, produciría mucho más.

Cuando observamos la declaración tributaria de Uribe, la que cita Kalmanovitz, nos damos cuenta de que en Colombia existe una profunda injusticia tributaria. Generalmente son los que tienen menos, las clase media hoy, los que pagan más en impuestos como proporción de su riqueza, mientras aquellos que más riqueza tienen, como Álvaro Uribe, pagan mucho menos. Si el patrimonio de Uribe se calculara a su valor comercial, y si los impuestos por estos predios se calcularán al menos por el 50% de ese valor comercial, la verdad es que Uribe tendía que pagar mucho más en impuestos que lo que paga hoy. Para una revisión de lo que pagó en impuestos Álvaro Uribe en 2020 se puede revisar la columna de Salomón Kalmanovitz en El Espectador.

Gravar con más impuestos a Uribe no haría que su riqueza se fuera del país, pues los terrenos no se pueden trasladar. Lo que sí sucedería es que quien tuviera esos terrenos se viera obligado a emprender actividades productivas intensivas con el fin de generar rentabilidad y evitar el pago de impuestos por dedicar al predio a actividades improductivas. Una mayor justicia tributaria, no solo incentivaría que quienes tienen terrenos improductivos se dedicaran a hacerlos productivos, sino que beneficiaría al estado con recursos para desarrollar inversiones de interés social en áreas como infraestructura, educación, salud, ciencia y tecnología. No resulta un misterio que si Uribe y los hacendados de Montería pagan muy poco en impuestos, los municipios de estas zonas sean muy pobres y tengan muy pocos recursos para invertir en carreteras, escuelas, hospitales y demás servicios que benefician a toda la población. Así, al finalizar Kalmanovitz nos señala en su columna: “En fin, la declaración de renta de Álvaro Uribe Vélez sugiere las causas de una Colombia muy desigual, atrasada en el desarrollo de sus fuerzas productivas y con un Estado débil, que no puede ejercer siquiera el control efectivo sobre el territorio”.

En términos generales, lo que podemos concluir es que no necesitamos reducirle los impuestos a los ricos, lo que Colombia necesita es una mayor justicia tributaria. Con un estado más fuerte y con más recursos, se podría garantizar la seguridad, la educación y la salud del recurso humano (personas formadas en profesiones que demanda el mercado mundial), elementos que sí atraerían la inversión realmente productiva que necesita el país y que generalmente suelen ser mucho más importantes que las bajadas de impuestos.

Con información del diario El Espectador y de Infobae.

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