Análisis

El precio de la desigualdad, RESÚMEN DEL LIBRO de Joseph Stiglitz

El precio de la desigualdad

El Precio de la Desigualdad es un libro de divulgación de ciencias económicas escrito por el economista estadounidense Joseph Stiglitz. El libro fue publicado en el año 2012 por la casa editorial W.W. Norton & Company.

El presente texto busca brindar un resumen de las ideas generales esgrimidas por Stiglitz en el Precio de la Desigualdad, abordar sus ideas principales y poner en contexto porque este economista considera que la lucha contra la desigualdad es un elemento importante para las sociedades que quieren avanzar hacia un mejor desarrollo económico.

Contexto de El precio de la desigualdad

De la mano de Joseph Stiglitz vemos cómo con la crisis financiera que se desató a nivel mundial en octubre de 2007, tanto en los Estados Unidos como en la Unión Europea, bajo el amparo de las grandes potencias que rescataban a colosales bancos que habían trabajado vendiendo hipotecas de alto riesgo, haciendo fortunas en un inicio en medio de una burbuja inmobiliaria, se puso de manifiesto la desigualdad creciente de nuestras sociedades.

La desigualdad no es un factor nuevo en la sociedad afirma Stiglitz, sin embargo, la crisis económica (denominada la Gran Recesión) – que se profundizaría por varios años más – acentúo su carácter como elemento desestabilizador de las naciones y los sistemas económicos.

El problema de la desigualdad

En su libro “El precio de la Desigualdad”, publicado en el año 2012, el economista Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía de 2001 y asesor de la Casa Blanca durante la administración de Bill Clinton, argumenta que si bien las desigualdades son parte inherente de la economía debido a la diversidad de capacidades y a la disparidad de motivaciones que nos impulsan en medio de la vida, una desigualdad exacerbada en el que unos pocos poseen demasiado y muchos poseen poco o nada, no solo es mala moralmente, no solo es injusta y agraviante frente a la dignidad del ser humano, sino que además trae consigo unos elevados costes económicos que a la larga generan círculos viciosos en los que la economía se estanca, beneficiando a unos pocos y resultando en una gran ineficiencia y sub-utilización de recursos humanos y físicos. 

Movimientos como Occupy Wall Street o “Los indignados” en España, así como las manifestaciones de las “Primaveras árabes” frente a gobiernos autoritarios, corruptos e incapaces de hacer frente a los desafíos económicos, llamaron la atención en el mundo por su insistencia en que el actual sistema económico y político está amañado, sirviendo a un 1% de la sociedad y dejando atrás al restante 99%. Es decir, se enfrentaron al sistema de desigualdad impuesta desde arriba.

La desigualdad en medio de la Gran Recesión

La Gran Recesión puso de manifiesto las enormes desigualdades en Estados Unidos y la posición de amistad entre políticos y grandes corporaciones.

En los Estados Unidos, miles de familias que habían adquirido préstamos con intereses variables y con escasos requisitos por parte de las entidades bancarias fueron sacadas de sus viviendas ante el impago (real o percibido por estos mismos bancos). Las deudas insostenibles financiaron una burbuja inmobiliaria que durante cierto tiempo mantuvo los precios de las casas en una racha al alza, pero cuando miles de inversionistas de todo el mundo que habían comprado estos préstamos impagables se dieron cuenta que los precios habían tocado techo y que la bonanza de la vivienda había sido financiada por la irresponsabilidad de los bancos y de otros inversores que habían diseñado activos de dudoso valor, los precios de estos activos se desplomaron, contagiando a los mercados bursátiles y llevando a lo que se conoció como La Gran Recesión.

Con la Gran Recesión se redujo drásticamente la oferta de capital en los mercados, muchas empresas quebraron, los grandes bancos fueron rescatados con el dinero de los ciudadanos, se produjo un amplio desempleo y los políticos se vieron enfrentados al dilema de dejar actuar a las fuerzas del mercado para que estas equilibraran todo por si solas o si actuar interviniendo en los mercados (Algo que al día de hoy aún se considera herejía dentro de las estructuras de pensamiento de la ortodoxia económica)  para impulsar de nuevo la economía. El entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush emprendió un paquete de rescates financieros a los bancos en crisis, acabando así con 30 años de hegemonía de las doctrinas de pensamiento económico neoclásico que señalaban que el Estado tenía que mantenerse al margen de las actividades económicas del sector privado, pues su intervención siempre resultaba nefasta y en graves fallos sociales.

Respuesta a la crisis financiera

Con la llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos en el año 2008, los rescates financieros continuaron, creando gran indignación entre los ciudadanos del común, que vieron como en medio de la crisis se protegía a los responsables de la misma. Ningún banquero fue procesado o investigado por la creación de activos financieros sin respaldo, las familias que fueron sacadas de sus viviendas no recibieron compensaciones ni ayudas estatales de ningún tipo y los inversores que se hicieron fortunas especulando en los mercados de derivados financieros continuaron a sus anchas sin recibir ningún tipo de sanción. 

Hoy pareciera que la crisis económica y la Gran Recesión fueran un evento del pasado con escasa relevancia en las noticias de nuestro día a día, pero la desigualdad que creó no era nueva, simplemente fue más acentuada, por lo cual vale la pena ver cómo fue que se llegó hasta ese punto. Desde la década de los años 70, cuando la OPEP impuso un embargo a las naciones occidentales que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur, las doctrinas económicas keynesianas que habían traído la prosperidad a Occidente luego de la segunda guerra mundial fueron cuestionadas debido a la crisis que se dio como consecuencia embargo y se adoptó un modelo de pensamiento denominado “Neoliberalismo”.  El neoliberalismo trajo consigo una era de desigualdad que permanece hasta nuestros días y que junto a la Gran Recesión configuran la historia de la desigualdad que prevalece en el mundo moderno. 

Líderes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en Estados Unidos y Reino Unido respectivamente, apostaron por la ideología neoliberal bajo la guía del economista de Chicago Milton Friedman. Así mismo, en naciones menos desarrolladas como Colombia y Chile, sus respectivos líderes nacionales, César Gaviria y Augusto Pinochet, adoptaron este modelo. El neoliberalismo propugnaba por una escasa inversión del Estado en la economía, quitando impuestos a las grandes corporaciones con la creencia de que si se estimulaba a la economía desde el lado de la oferta, es decir, brindando mejores condiciones a los empresarios para que invirtieran en el desarrollo de nuevos productos a mejores precios y con mejor calidad se estimularía la economía creando un efecto de goteo, en donde la riqueza que amasaban los de arriba se transfería al resto de la sociedad en medio de las diversas transacciones económicas que se derivarían luego del impulso a la oferta.

Tanto los Estados Unidos como Reino Unido y Chile fueron capaces de salir adelante luego de la crisis de los setenta. Chile se desarrolló rápidamente porque al ser un país relativamente pequeño pudo recibir grandes beneficios del comercio internacional de sus materias primas como el cobre y otros minerales, Colombia recibió una bonanza petrolera luego de las guerras de Iraq y Afganistán, que hasta el día de hoy sigue desperdiciada y le ha traído un desarrollo más bien escaso que no ha beneficiado al conjunto de la población, sino que por el contrario ha distorsionado su economía haciéndola dependiente de los eventos comerciales internacionales y en la que no todos sus sectores han podido desarrollarse.

Pese a que todos estos países vieron un crecimiento constante de su Producto Interior Bruto (PIB), la medida estándar de las ciencias económicas para observar el desarrollo de un país, esta alza en la producción no ha beneficiado a las mayorías. La riqueza sigue siendo un anhelo al que solo se puede acceder mediante la suerte, esfuerzos sobrehumanos, la herencia, el amiguismo con el Estado y/o la competencia desleal frente a otros productores o proveedores de servicios.

Joseph Stiglitz, detalla cómo todos estos elementos han venido a configurar una economía cada día más desigual en la que un directivo de una compañía puede llegar a ganar hasta 300 o 1000 veces más que empleado con el sueldo básico en la misma empresa.

Este estado de cosas, señala Stiglitz, socava la confianza social en el sistema, genera resentimiento entre quienes son dejados en la escala inferior del sistema, lo que conlleva a una mayor inestabilidad política y a una pérdida de la motivación en estos sectores que podrían progresar más si se les brindará la debida atención. 

Estados Unidos como una sociedad desigual

Para Stiglitz, los Estados Unidos se han convertido en una sociedad cada vez más dividida en la que las oportunidades ya no están ahí para todo el mundo, pues como consecuencia de la enorme desigualdad la movilidad social, el ascenso de las clases sociales inferiores a una mejor calidad de vida, se ha visto imposibilitada.

Para contextualizar esto de mejor manera quiero citar uno de los apartes de Stiglitz en su libro: 

“Distintos países de todo el mundo aportan terribles ejemplos de lo que les ocurre a las sociedades cuando alcanzan el nivel de desigualdad al que nos estamos aproximando. No es un cuadro prometedor: son países donde los ricos viven en urbanizaciones privadas y son atendidos por legiones de trabajadores de bajos ingresos; son sistemas políticos inestables, donde los políticos populistas prometen a las masas una vida mejor, solo para defraudarlos después. Y lo que tal vez es más importante: la esperanza brilla por su ausencia. En esos países, los pobres saben que sus perspectivas de salir de la pobreza, por no hablar de llegar a lo más alto, son minúsculas. Es un cuadro al que no deberíamos aspirar”.

Son múltiples las causas que llevan a la desigualdad, según Joseph Stiglitz, del mismo modo que pueden ser múltiples las recetas que se pueden emprender para atacar este flagelo. Dentro de las más importantes podemos citar:

Las causas de la desigualdad

1.La política ha sido atrapada por los intereses privados mediante la financiación de las campañas para que los funcionarios que dicen representarnos se decanten por políticas que favorecen a los más privilegiados.

2. Los sistemas de impuestos son regresivos, es decir cobran un porcentaje menor a los ricos sobre sus rentas que lo que cobran a la clase trabajadora sobre sus ingresos.

3. La política neoliberal se ha enfocado en prevenir el déficit en las finanzas del Estado, lo que resulta en un menor gasto social que requieren las personas más vulnerables de la sociedad para poder salir adelante y hacer frente a las necesidades de la vida.

4. Los Estados han creado incentivos perversos en la economía que propician que los grandes inversores pongan su capital en actividades que generan rentas (monopolios, extracción de materias primas, especulación en los mercados financieros) en lugar de invertir en actividades que distribuyen la riqueza como la inversión en manufacturas, servicios, investigación y tecnología.

5. Las externalidades negativas (efectos colaterales de ciertas industrias) de muchas empresas como las que vierten toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, son soportadas por los más pobres en forma de huracanes, sequías, olas de calor, contaminación y afectaciones a su salud que no son compensadas de ningún modo. En este sentido Stiglitz advierte que con esto se está subvencionando a las industrias contaminantes sin tener en cuenta el bienestar de los ciudadanos ni las rentabilidades negativas que se derivan de subsidiar a las compañías contaminantes.

6. Los sistemas de salud, la seguridad social (seguro de desempleo) y la educación pública se han visto desfinanciadas por la ola de políticas neoliberales de las últimas cuatro décadas. Estos sistemas habían creado un estado amortiguador que les permitía a los menos favorecidos afrontar las adversidades propias del sistema económico, generaban mejor salud y mayor motivación entre las clases bajas para poder ascender socialmente. Sin ellos lo que termina creándose es una gran división social, una fuerte polarización y una sociedad de pobres desmotivados a los que cada día se les paga peores salarios porque son menos productivos.

7. La liberalización del comercio internacional ha permitido que grandes empresas dirijan su producción a aquellos países donde la mano de obra es más barata y en donde las regulaciones laborales son débiles o inexistentes. Esto ha generado que en las industrias manufactureras de los países desarrollados se observe un mayor desempleo en los puestos de mano de obra de menor cualificación, forzando a que los empleados se trasladen a otros sectores productivos, forzando los salarios de estos nuevos sectores a la baja, lo que se traduce en menores ingresos para las personas con poca cualificación.

8. Ni las empresas ni los Estados han invertido lo suficiente en el rentrenamiento de las personas que pierden sus empleos como consecuencia de la liberalización económica o las innovaciones tecnológicas que propician la automatización de la producción, por lo que toda esta gente queda atrapada en el desempleo o viéndose forzada a aceptar empleos precarios que vuelven crónica su condición de pobreza.

9. Los ricos se han asegurado que sus hijos asistan a los mejores colegios y las mejores universidades. Los pobres no pueden permitirse una educación de calidad que cambie el estado económico de las generaciones futuras y el Estado no hace nada para remediar esta situación.

10. Como resultado de la liberalización económica, Estados Unidos ha aceptado pagar excesivas cuotas de dinero a las farmacéuticas y a las aseguradoras de salud, por lo que la salud pública sigue siendo excesivamente cara en Los Estados Unidos. Este dinero que el sistema público invierte allí podría ser destinado a la investigación en ciencia y tecnología, lo que propiciaría la creación de nuevos puestos de trabajo y mayor eficiencia de la economía.

11. Los Estados gastan excesivas sumas dinero en las industrias militares y las guerras, las cuales no generan ningún tipo de valor ni riqueza, sino que por el contrario la destruyen. Este dinero podría destinarse a mejorar los sistemas de redistribución de la renta, haciendo que la sociedad sea más equitativa.

Reseña del libro en el New York Times

Joseph Stiglitz
Joseph Stiglitz es profesor de Economía en la Universidad de Columbia.

El precio de la desigualdad es un libro que ha recibido mucha atención y se ha convertido en un referente para el pensamiento económico contemporáneo. Justo cuando El precio de la desigualdad fue publicado, el New York Times publicó una reseña en la que se alababa la perspectiva de Stiglitz sobre los problemas económicos actuales. A continuación citamos algunos apartes de la reseña elaborada en el Times:

«El nuevo libro de Joseph E. Stiglitz, «El precio de la desigualdad», es el contraargumento más completo al neoliberalismo demócrata y las teorías republicanas de laissez-faire. Mientras que los economistas respetados que abarcan toda la gama de centro derecha a centro izquierda describen nuestro presente sombrío como resultado de desarrollos aparentemente imparables: la globalización y la automatización, un establecimiento autorreplicante basado en la competencia «meritocrática», el colapso impulsado por la deuda de 2008 -nos recuerda Stiglitz, se destaca como un evento aparte en su rechazo desafiante de tales nociones de inevitabilidad y busca cambiar los términos del debate.

No es el cambio tecnológico y social incontrolable lo que ha producido una sociedad de dos niveles, argumenta Stiglitz, sino el ejercicio del poder político por intereses adinerados sobre los procesos legislativos y regulatorios. «Si bien puede haber fuerzas económicas subyacentes en juego», escribe, «la política ha dado forma al mercado, y lo ha hecho de manera que aprovecha la parte superior a expensas del resto». Pero la política, insiste, está sujeta a cambios.

Stiglitz es un premio Nobel y profesor de economía en Columbia. Ocupa una posición dominante en una insurgencia intelectual que desafía la ortodoxia económica dominante. Entre sus aliados están Jacob S. Hacker y Paul Pierson (los autores de «Winner-Take-All Politics: How Washington hizo a los ricos más ricos – y le dieron la espalda a la clase media»); Lawrence Lessig («República, perdida: cómo el dinero corrompe al Congreso, y un plan para detenerlo»); Timothy Noah («La gran divergencia: la creciente crisis de desigualdad de Estados Unidos y lo que podemos hacer al respecto») y Paul Krugman («Acaben esta depresión ahora!»). El argumento colectivo de estos disidentes no es solo que la desigualdad viola los valores morales, sino que también interactúa con un sistema político impulsado por el dinero para otorgar un poder excesivo a los más ricos. En resumen, aquellos con poder lo usan para aislarse de las fuerzas competitivas al ganar un tratamiento fiscal favorable, una participación de mercado protegida por el gobierno y otras formas de lo que los economistas llaman «búsqueda de rentas».

Concluyendo

El libro de Joseph Stiglitz argumenta de una forma magistral como podemos tener una sociedad más justa y con mayor crecimiento con cambios certeros en nuestro paradigma de pensamiento económico. Hay esperanza para un mundo mejor. No se argumenta en contra de la desigualdad natural que existe por el hecho de que somos personas con distintas motivaciones y capacidades, se argumenta en contra de la desigualdad extrema que es resultado de políticas erróneas que pueden corregirse y llevar a la sociedad a un estado de mayor bienestar. Considero que es una lectura indispensable para todo aquel que se interese en el debate macroeconómico y en el tema de la desigualdad y que desee tener unas bases sólidas para rebatir la ola de pensamiento neoliberal y/o libertario que tan perniciosos han resultado para nuestras sociedades.

Este libro de Joseph Stiglitz se encuentra disponible en Amazon

Artículo original de Iván Gutiérrez

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