Análisis

Esta es la única clave del éxito y nadie te la enseña

Clave del éxito

Cuál es la clave del éxito en tu camino como empresario y que finalmente nadie hasta ahora te ha enseñado

Este es un artículo de Thomas Koulopoulos originalmente publicado en la revista Inc.

Hay incontables libros sobre cómo tener éxito en los negocios y todos ellos tienen algo que enseñar. Sobre cómo ser un operador más eficiente a cómo ser un gran innovador. Todo es parte de la química esencial que conforma el viaje de cada emprendedor.

Sin embargo, mirando a mi propio camino como emprendedor, una cosa sobresale como la última y esencial clave para tener éxito, la cual he experimentado y la cual he tenido el privilegio de observar en la experiencia de otros exitosos emprendedores.

No tiene nada que ver con los artículos convencionales que encuentras sobre cómo contratar a la gente correcta, reunir una buena base de capital, cómo dirigir una compañía eficiente, cómo alinearte con las necesidades de tu mercado o cómo ser más innovador. De hecho, puedo ir tan lejos como para decir que todas estas cosas son necesarias pero problemáticamente insuficientes, al momento de construir una compañía que pueda tener éxito en el largo plazo en cualquier industria, si se comparan con esta única clave que voy a compartir.

¿Cuál es esa clave? Bueno, darle un nombre es mucho más difícil que describirla porque no cae de manera limpia y llana en una sola categoría o etiqueta. Así que déjame darte un ejemplo.

A puertas cerradas

A mediados de la década de los noventa, yo tenía una compañía de cinco años que se estaba desempeñando bastante bien. Para sortear la ola de nuestro éxito y generar más soporte sobre la misma, decidí escribir mi primer libro. Fue un primer y decente intento de ser un autor, pero bastante lejos de ser un gran best seller. Sin embargo, estaba orgulloso de mi mismo.

Cerca de ese mismo momento, había otro libro que había llegado al mercado con el mismo tema. Los autores eran consultores reconocidos con profundas conexiones en Harvard y en el MIT. Su libro Repensando las corporaciones, fue uno de los mejores libros de todos los tiempos. ¡Esto era a lo que yo estaba aspirando!

Así que con nada que perder, escribí una carta amable a uno de los autores, Jim, y le envíe adjunta una copia autografiada de mi libro. Unas cuantas semanas después recibí la más placentera respuesta a mi carta en donde Jim me agradecía por el libro y señalando que él lo leería durante sus viajes. Yo estaba un poco mareado por recibir una respuesta personal, pero por alguna razón no volví a escribirle.

Unos cuantos años después, luego de una serie de eventos fortuitos me llevaron a encontrarme con Jim y con la idea de asociarme con su compañía. Después de la reunión recibí una llamada de Jim en la que me decía que si bien una asociación no era lo correcto en este momento, él estaba seguro de que tendríamos la oportunidad de trabajar juntos de algún modo. Podría ser la forma correcta de decirlo, pero para mi era claro que esto era más que la simple y amable manera de decir «No, gracias».

Unos cuantos meses después y nuestra empresa llegó al ranking Inc. 500 y estábamos recibiendo ofertas de adquisición. Yo necesitaba alguien que entendiera nuestro negocio y que nos pudiera dar consejo. Llamé a Jim. Sin vacilación el acordó reunirse conmigo y charlas.

Mientras que decidíamos hacer crecer nuestro negocio en vez de venderlo, Jim se convirtió en un asesor y mentor indispensable sobre los siguientes años.

Finalmente, en lo que yo solamente puedo describir como un fortuito vuelco del camino, él me ayudó a orquestar la venta de mi negocio a un gigante tecnológico de 2000 millones de dólares.

La Clave del éxito

De modo que aquí está mi pregunta para ti. A medida en que lees ¿Cuál es para ti «La única clave» a la que me refiero en el título de este artículo? ¿Fue escribir el libro, enviárselo a Jim, no vender mi negocio, tener un gran asesor, la última venta del negocio? De hecho no es ninguna de estas. La clave fue la conexión con alguien que estaba dispuesto a abrir las puertas por mi.

Con ningún beneficio directo para él, Jim abrió las puertas en muchas áreas que yo apenas puedo recordar. Recuerdo un momento preguntándole porqué él estaba dispuesto a ayudarme cuando era claro que (en mi mente por los menos) que esta era una relación en la que únicamente estaba obteniendo todo el beneficio.

Como vuelvo a mirar de vuelta a mi carrera, puedo señalar docenas de Jims de mi escuela luchando por enseñar, desde mi primer libro hasta mi primer vicepresidente, desde mi primer cliente de consultoría, quien básicamente financió mi primer negocio, hasta la gente con la que me reúno hoy, por la sencilla razón de que ellos podrían, y han sido capaces y dispuestos a abrir las puertas que yo nunca podría haber abierto por mi mismo.

Lo que fue crítico para mi – la real clave del éxito- fue el hecho de entender que esta gente no cayó del cielo simplemente. Como fue el caso cuando yo le envié mi libro a Jim, tú tienes que alcanzarlos. Después de todo, nadie jamás dijo que tú no puedes elegir tus mentores, y hoy mucha gente sienten la necesidad de pedir permiso para eso. Si algo funciona contra la vasta mayoría de gente, cuando ellos tratan de alcanzar el éxito en sus negocios y sus carreras, es su inhibición para buscar y conectar con gente que puede abrirle las puertas.

Lo que he aprendido es que todos nos encontramos con muchas personas, pero no todos nutrimos esas conexiones, ni tratamos a esas personas con el respeto que se merecen, ni celebramos tener a esas personas en nuestras vidas, ni tampoco les decimos cuán agradecidos estamos por su ayuda.

Y esta la parte más interesante de todo esto. Eventualmente te encontrarás en el otro lado de las puertas, donde ahora tú serás el que le abra las puertas a otros. Y donde tú llegas a un punto donde te puedo garantizar que tú encontrarás que la razón por la que esa gente es la misma por la cual tú ahora ayudas a otros: porque hay algo alimentando el potencial del espíritu humano que te es familiar, porque ver a otros crecer y tener éxito puede llegar a ser más gratificante que experimentar tu propio éxito, y principalmente por la sencilla razón de que puedes hacerlo.

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